Médicos, militares y policías, las víctimas del COVID-19

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Médicos, militares y policías, las víctimas del COVID-19

Familiares, amigos y compañeros contaron a EXPRESO las historias de los ‘héroes sin capa’. Los servidores de la salud están entre los más contagiados

Washington Tutasi
Víctima. Germán Tutasi era ginecólogo. Falleció a sus 68 años en Guayaquil el 28 de marzo, cuenta su hijo.Cortesía

“Hijo, entiende”. Era lo que Carlos Tutasi escuchaba cuando criticaba a su padre por el tiempo que sus pacientes le quitaban. Ahora, “lo que más me reconforta son los mensajes de ellos”, dice.

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Su padre era Washington Germán Tutasi Jaramillo, ginecólogo ambateño de 68 años. Estuvo dos días internado en la clínica San Francisco de Guayaquil, antes de su fallecimiento el pasado 28 de marzo. Falleció por problemas respiratorios, consecuencia del contagio del COVID-19. Él es uno de decenas de galenos, militares y policías, afectados por el virus.

Tenía un consultorio particular en Rumichaca y Alcedo. Al empezar la pandemia por el COVID-19 sus cuatro hijos le pidieron que por favor ya no salga y no atienda pacientes porque se podía exponer por ser diabético e hipertenso. Las patologías resultaron de cinco operaciones a la columna y una meningitis que adquirió hace unos 10 años.

Los ruegos de sus hijos recibían un “tranquilos, todo está bien”. El 26 de marzo, Carlos llamó a su padre y respondió su esposa. Le dijo que estaba dormido y no se quería levantar. Carlos comentó a su madre, quien tomó el teléfono y le dijo “Edwin, estás mal, tienes que internarte”.

En cuatro horas de llamadas no consiguieron ambulancia. Por gestiones de la madre de Carlos lo llevaron a una clínica y fue internado. Carlos no sabe dónde se pudo contagiar. Tuvo problemas respiratorios y falleció. “Él se fue en paz y cumpliendo su misión de salvar vidas”, concluye su hijo, quien sigue recibiendo la solidaridad de sus pacientes.

La madrugada del 5 de abril, a las 00:25, fallecía en el hospital Teodoro Maldonado, Ángel Alberto Bonifaz Bravo, guayaquileño de 52 años. Estaba casado con la bióloga Maritza Ruano. Tenía dos hijos. En la universidad de Guayaquil se graduó como tecnólogo en anestesiología. Trabajó en el Hospital Vernaza, cuenta su amiga Gloria Bejarano. 

Ingresó a la Cruz Roja ecuatoriana en Guayas y durante 30 años fue mentor, líder, guía y formador de voluntarios. Fue instructor de primeros auxilios y, hasta el día de su fallecimiento, fue jefe de ambulancias de la Junta en Guayaquil. Cumplía su turno de 07:00 a 15:00. “Siempre lo encontrábamos en la central, como le decimos al área de atención de emergencias de la Junta”, destaca.

Cuando empezó la cuarentena él siguió en atención prehospitalaria. Enfermó de gripe y su estado se fue complicando a pesar de que siempre estuvo en aislamiento. Gloria indica que después, al no poder respirar con normalidad, fue hospitalizado en el Hospital Teodoro Maldonado, en donde falleció el domingo por deficiencia respiratoria, neumonía atípica. Debía ser sepultado en el Parque de La Paz, pero hasta ayer no había fecha para esa inhumación.

“Todos a nivel nacional estamos con el corazón partido porque fue muy querido”, lamenta Gloria. Las condolencias llegaron también desde las sociedades de Cruz Roja de las provincias y de otros países.

Si los miembros de la media luna roja se quedaron con el corazón partido, los sentimientos de dolor e impotencia no fueron menores para la familia del sargento Jorge Eduardo Basantes Vargas. Aunque hasta el cierre de esta edición las Fuerzas Armadas no brindaron ninguna información sobre su perfil o trayectoria militar, en redes sociales circularon videos de un homenaje que le hicieron sus compañeros antes que sus cenizas sean entregadas a sus padres en Salcedo, Cotopaxi.

Pertenecía a la Tercera División de Ejército Tarqui. Estuvo hospitalizado. Es una de las víctimas militares del COVID-19, junto con el sargento Jaime Sandoval Peralta, según la nota de condolencia del comandante del Ejército Luis Altamirano. “En el cumplimiento de su sagrado deber, honramos a quienes entregaron sus vidas al servicio de la ciudadanía. Paz en sus tumbas”, escribió Altamirano en su cuenta de Twitter.

El fin de semana en Salcedo, Ricardo y María, padres del sargento Basantes, recibían un cofre café con una bandera del Ecuador sobre él. Un oficial se presentó ante los familiares del militar para presentarle las condolencias en nombre del Ejército y sus compañeros. “Como soldados del Ejército ecuatoriano estamos dispuestos a dar nuestra vida, en este caso le ha tocado a nuestro compañero, sé que desde el cielo nos está mirando y nos va a cuidar a todos”, expresó ante los padres del uniformado. Hasta la semana pasada, al menos cuatro militares habían fallecido por coronavirus mientras la Policía perdió a tres de sus miembros y había otros tres por confirmar.

El sargento Álex Casañas es uno de los policías que falleció por el virus. La Policía informó que él ahora es uno de los ‘Héroes Policías’. Falleció en actos de servicio después de 16 años y cinco meses de pertenecer a las filas. Tenía 35 años. Era quiteño. Falleció el lunes 23 de marzo. No pudo despedirse de Amanda, su esposa ni de sus pequeños, Alexa y Andrés.

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El sargento Hólguer Vilema murió mientras prestaba sus servicios en el cantón El Triunfo, de la provincia del Guayas. Tenía 17 años, 10 meses en la Dirección Nacional de la Policía Judicial.

El sargento Luis Enrique Espinoza Naranjo, de 43 años, perteneció al servicio preventivo del distrito Florida, en Guayaquil. Iba a cumplir 18 años en la institución. Estaba casado con Diana Vargas. Tenía dos hijos. “Siempre seré para ustedes la persona que les cuide de todo aquel que quiera hacerles daño, siempre les amaré”. Habría dicho a sus compañeros unos meses antes.