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Las manifestaciones, otra estrategia de Dilma y Lula
Desde el despacho presidencial, Dilma Rousseff buscaba ayer demostrar su fuerza, recomponer la base aliada y frenar el ‘impeachment’ impulsado por la oposición. Desde la calle, sus seguidores armaban manifestaciones en varias ciudades para apoyarla

Desde el despacho presidencial, Dilma Rousseff buscaba ayer demostrar su fuerza, recomponer la base aliada y frenar el ‘impeachment’ impulsado por la oposición. Desde la calle, sus seguidores armaban manifestaciones en varias ciudades para apoyarla
El expresidente Luiz Inacio Lula da Silva (2003-2010) iba a encabezar las marchas en la capital brasileña “en defensa de la democracia” y contra “el golpe” que, según la izquierda, la oposición fomenta a través del procedimiento de destitución de Rousseff por presunto maquillaje de las cuentas públicas, pero se anunció que no iría luego de que se conociera que la Corte Suprema ratificó la orden judicial en su contra.
Asimismo, el dictamen del alto tribunal invalidó la decisión del juez federal Sergio Moro de hacer pública una conversación grabada entre Lula y la actual mandataria, Dilma Rousseff, en relación a su nombramiento como jefe de gabinete de su Gobierno, y aprobó una medida que quita provisoriamente la investigación sobre el expresidente a Moro.
Este juez fue quien ordenó a principios de marzo que Lula fuera llevado forzadamente a declarar ante la policía y luego divulgó una polémica escucha telefónica entre el expresidente y su sucesora Dilma Rousseff, interpretada como una prueba de que su designación a un cargo ministerial buscaba alejarlo de la acción del juez de primera instancia.
La decisión de la corte, adoptada por mayoría, hizo lugar a un pedido cautelar del Estado de que se repusiera el secreto de sumario sobre las investigaciones que involucraran a funcionarios con fueros privilegiados, como la propia Rousseff.
La corte aún debe definir en qué instancia continuarán las causas de Lula, que no está protegido por fueros, o si eventualmente divide los procesos.
El Partido de los Trabajadores (PT) de Lula y Rousseff, que ya comenzó la batalla en el ámbito institucional, presiona desde la calle en momentos en que la aprobación del Gobierno está en un ínfimo 10 %.
El PT y movimientos sociales convocaron manifestaciones en 31 ciudades. Las principales fueron en Brasilia, donde cientos de manifestantes bloquearon la entrada del Banco Central, en una protesta contra el pago de la deuda pública.
Hace dos semanas, el PT y los movimientos sociales reunieron cerca de 300.000 personas, 80.000 en Sao Paulo con Lula vestido de dirigente obrero como en sus viejos tiempos de opositor al régimen militar (1964-85). La oposición, por su lado, había sacado a la calle unos días antes a más de tres millones, al grito de “¡Fuera Dilma!”.
Lula, aunque no sea ministro, se empeña en la que debía ser su misión principal en el Gobierno: reforzar la frágil coalición, sobre todo después de que su mayor integrante, el centrista PMDB del vicepresidente Michel Temer, decidiera esta semana romper con Rousseff y sumarse a la causa del ‘impeachment’.
En caso de que esa iniciativa desemboque en la destitución de Rousseff, el propio Temer completaría su mandato hasta fines de 2018. El foco del Gobierno es ahora impedir una estampida de sus demás aliados y, con cargos en la mano, Lula y Rousseff negocian las inciertas fidelidades.
“El Gobierno tiene una doble estrategia: recomponer la base aliada e impedir que el PMDB junte 342 votos” para aprobar el ‘impeachment’, indicó un asesor gubernamental que pidió el anonimato.
Temer y su nuevo aliado, el opositor socialdemócrata PSDB, también tratan de ganar apoyos para el ‘impeachment’ con promesas de cargos y ministerios que se concretarían tras la caída de Rousseff.