Y manana es Nochebuena

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Y manana es Nochebuena

Hola querido lector o lectora. No, perdón, es al revés: querida lectora o lector. Por cortesía y con motivo del fin de año he decidido escribir como hacen los modernos: respetando la perspectiva de género. Conste que lo hago sin dejar de pensar que la tal perspectiva de género degeneró la perspectiva. Pero ese es otro asunto.

Hoy, como buen bautizado cristiano me sumo al júbilo universal que conmemora mañana la víspera del nacimiento de Cristo.

Como alguno de mis lectores saben, yo soy un cristiano sin iglesia. Respeto la institucionalidad eclesiástica que administra la fe de quienes la poseen pero, mi cristianismo no es religioso, es filosófico. Creo tener derecho de llamarme discípulo del Rabí de Galilea por mi profundo amor al prójimo. Por tener, y tratar de vivir el entendimiento de que prójimo son todos los seres humanos. Por, en definitiva, sentirme comprometido con el mandamiento nuevo.

De modo que mi cristianismo, aún sin pertenencia a iglesia alguna de las en Cristo inspiradas, no es sin compromiso.

Cultivo también el complicado amor a la verdad, porque admito que ella nos hace libres, aunque nos meta en uno que otro problema, y tengo una clara opción preferencial por los pobres en mi sentido de lo que debe ser la acción social. Igualmente me dan náuseas los tibios y leo con beneplácito la epístola de Santiago, mi apóstol favorito, aunque Lucas, que dicen que era médico, igualmente me cae muy bien.

Confieso que me hubiese encantado tener oportunidad de sacar a látigo a los mercaderes del templo y convertir el agua en vino pero, esas son palabras mayores, propiedades, tal cual la de conseguir la resurrección de los muertos, atribuidas a un profeta de características superiores como Jesús de Nazaret.

En todo caso, lo de mañana es importante para muchos habitantes del planeta y no únicamente para los cristianos. La Nochebuena ha cobrado una condición planetaria. Aunque sea con un pan de pascua sobre la mesa vale conmemorarla en familia y reflexionar sobre nuestro sentido del cristianismo, pensando unos minutos en los migrantes que no tienen a su familia con ellos.