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Mal concebido guayaquilenismo

Así concluye Felipe Burbano de Lara su defensa en el Buzón del lector de Memorias Porteñas a mi réplica Guayaquil en los cincuenta: visión quiteña; de un capítulo suyo en Transiciones y rupturas. Afirma ser un estudio de la naturaleza del poder oligárquico y su inclinación a la beneficencia, identificando el “rasgo notable de las élites guayaquileñas”. El desparpajo es ilimitado. Cuando escribe sobre la Junta de Beneficencia (JBG) avala el libro de una socióloga de muy mala recordación para esa institución. En 1999 el director la autorizó a revisar los archivos históricos para que pudiera escribir su tesis doctoral. Ella no admite que su obra estuvo llena de ofensas, pero la segunda edición a la que cambió el título a Stato Nostro, la cara oculta de la beneficencia en el Ecuador, es una repetición de su tesis con mayor dosis de diatribas. Hay capítulos como: La desobediencia civil de la Junta de Beneficencia de Guayaquil, Poder económico de la JBG, Ficción y realidad sobre el carácter público y privado de la JBG, etc.

Burbano de Lara, igual a otros intelectuales y escritores serranos, tiene obsesión por la JBG; su capítulo apoya la posición de la socióloga, agregando al referirse a los miembros de la JBG: “... se heredan de una generación a otro”. La mayoría de los miembros no tienen ancestros que hayan ocupado el mismo cargo. Hoy, de 39 miembros, solo 5 tienen ancestros que pertenecieron a la JBG, es decir 13 %. Fui miembro de la JBG y con orgullo informo a Burbano de Lara que pertenecí a la cuarta generación. En más de 120 años hemos trabajado decenas de miles de horas sin remuneración. Lo mismo pasa con otros miembros con ancestros. No hay tal herencia, se elige por méritos.

¿No ofende cuando afirma que el banano solo favoreció a las élites, cuando en realidad surgieron numerosos millonarios en todas las provincias bananeras y aumentó el nivel de vida de los ecuatorianos? No tengo actitud intelectual parroquiana. Burbano de Lara y otros han estado acostumbrados a ofender a Guayaquil y en el pasado había silencio. Ya es momento de decir basta, por cada ofensa habrá respuestas.

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