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De madres para madres

EXPRESO presenta la historia de tres guayaquileñas que, como muchas otras madres, destinan esta fecha a rendirle honor a las demás a través de su trabajo, dejando de lado su rol, el festejo o las felicitaciones.

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Aunque todas merecen hoy festejar su Día con sus hijos y familiares, con globos y notitas llenas de amor que confirmen la importancia de su presencia en la Tierra, no todas lo hacen.

EXPRESO presenta la historia de tres guayaquileñas que, como muchas otras madres, destinan esta fecha a rendirle honor a las demás a través de su trabajo, dejando de lado su rol, el festejo o las felicitaciones.

Unas cantan por dos, tres o hasta cuatro jornadas seguidas solo por arrancarle una sonrisa o conmover a las familias; y otras se desvelan, haciendo caso omiso a su edad, creando coloridos ramos o platos de comidas con los que conmemoran la fecha otras familias.

Estas mujeres, Paola Madero, Martha Peralta y Daniela Serrano, son el retrato de la realidad que viven hoy muchas mamás; que laboran para aportar o sustentar la economía del hogar, pero que en medio de su jornada -en pequeñísimos descansos- aprovechan para recibir el cariño de los suyos.

En algunos de los casos el homenaje llega días después. A todas les queda -y quizás sea ese su mayor estímulo- la satisfacción de haber alegrado la jornada a otras madres.

“No imagino esta fecha haciendo otra cosa que no sea cantar”

Paola Madero no se imagina celebrando el Día de las Madres de otra manera que no sea cantando. Ella es mariachi, desde hace doce años la gerenta de la agrupación Cielito Lindo que este año cumple ya 25 años de trayectoria y desde entonces, relata, siempre cada segundo domingo de mayo lo ha celebrado trabajando y junto a sus once compañeros (divididos en dos grupos), entre ellos su hija, también cantante.

Madero, también violinista, tiene cuatro hijas, esposo, madre, pero jamás -al menos no desde que formó el grupo- ha celebrado su día por causa de su agenda. “Siempre andamos corriendo”, explica. Y es que si regularmente, en un mes cualquiera, el equipo tiene 30 presentaciones a la semana, previo a la fecha, esta cifra aumenta a 120.

“Desde el sábado anterior tocamos, sin parar por la madrugada”. ¿Y la familia lo acepta? Lo hace, indica. Están ya acostumbrados. “Saben que ese día deben celebrar con la abuela, a quien le llevo serenatas. Y durante la jornada, cuando hay tiempo me reúno con mi hija a cantar a dúo, que es nuestra manera de “en algo” festejarlo.

Madero dice sentirse contenta de rendirle honor a otras madres, aunque eso implique sacrificar el tiempo con los suyos. “Sé que ellos entienden mi ritmo de trabajo...”, explica. Lo dice porque en fin de año, Navidad, el Día del Padre pasa lo mismo. Lo dice porque en estas fechas opta por remover solo los sentimientos de los demás y no los suyos. “Los míos los tengo claro. Sé que mi familia me quiere. Solo así comprenderían lo que hago”, relata sonriente, calmada.

“No descanso, pero todo lo hago con amor”

Martha Peralta creció en medio de rosas, claveles y girasoles. Su familia, oriunda de Azuay, se dedica a la actividad de los arreglos florales.

A sus 64 años, Marthita, como cariñosamente la conocen, continúa en el oficio, que ahora lo desempeña en el Mercado Municipal de Flores con la ayuda de su esposo Carlos Proaño y su hijo Elías.

Las festividades son claves para este tipo de negocio, lo que significa extensas jornadas de trabajo.

El Día de la Madre no es la excepción; es más, las labores comienzan con una semana de anticipación, con la elaboración de los pedidos y el abastecimiento de la materia prima.

Hoy Marthita apenas descansará unas tres horas para continuar activa en el negocio. No habrá serenata y quizá tampoco un brindis ni un bufé en algún restaurante. Ella está consciente que son gajes del oficio.

Lo que no faltará este domingo será la visita de sus otros tres hijos: Lissette, Adriana y Andrés. Como cada año, ellos la ayudarán en la elaboración y comercialización de los arreglos florales.

“¿No le incomoda que otras madres puedan celebrar su fecha clásica, o al menos descansen este día?”, le preguntamos.

Con una sonrisa nos responde que no. Para ella es suficiente compartir con la familia, sin importar el sitio.

También se alegra que otros hijos celebren a su ser querido con los adornos florales que ella elabora “con esmero, y sobre todo con mucho amor”.

“La celebración queda para después. Las ventas de las flores aumentan en esta fecha. Hay que recuperar la inversión, pues en esta época la mercadería llega con un precio elevado”, expresa.

Nos despedimos de Marthita en el instante que con sus hábiles manos elaboraba un ramo con rosas, claveles, alelíes y astromelias. La adornará con una tarjeta que reza: ‘Feliz día mamá’.

“Hoy sacamos a la mamá que llevamos dentro”

“La idea es hacer sentir a la mamá como en realidad quisiéramos nosotras pasar ese día”. Así resume Daniela Serrano Paladines la labor que realiza en el hotel Continental, que organiza un agasajo para las madres en su día.

Serrano trabaja en el hotel hace 14 años. Es mamá de dos pequeños, Jaime Andrés de 10 años, y Luciana, de siete.

Reconoce que la primera vez que empezaron a dar ese servicio en el hotel, hace unos cinco años, fue como un shock. “No solo para mí si no para toda mi familia, porque todos “¿vas a trabajar? Pero ¡es el Día de la Madre!”, me dijeron. Sí, toca”.

Cada año, le toca liderar a su equipo para que la operación del evento resulte perfecta. “Dentro de nuestro salón se realiza un brunch; recibimos aproximadamente unas 300 personas”.

Nada es improvisado, asegura. La organización inicia un mes antes donde se planifica desde el menú, los detalles, la música, la gente que va a laborar... Una semana antes del evento se pulen los detalles, y el sábado previo, ya hay gente trabajando. “Yo ingreso a las seis de la mañana ese domingo, pero ya tengo a una parte de mi equipo desde las cuatro, y hay personal que está desde la medianoche. Trabajamos hasta las seis de la tarde”.

Es una jornada a la que se ha habituado y ha podido hacerlo por el apoyo de su familia, sobre todo de su esposo Jaime y de su mamá Leonor. Sus hijos están conscientes de lo demandante de su trabajo. “Ellos han crecido viendo a la mamá trabajar, están muy acostumbrados; aunque en ocasiones es duro estar trabajando cuando otros están celebrando. Pero queda la satisfacción de dar el servicio”.

En su equipo hay otras dos madres más. “Ellas también, obviamente, sacrifican ese día. Ese día nos sacamos la mamá que llevamos adentro; porque la verdad es que uno no descansa, hay bastante trabajo en equipo. Estamos dando nuestro mayor esfuerzo para que esas mamás que nos vengan a visitar estén contentas y se sientan como si estuviesen en su casa”.

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