Madera de guerrero

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Madera de guerrero

Feliz día Guayaquil. Te felicito. Te felicito por el orgullo de mis padres cuando tratan de explicarme con un “tú no sabes cómo era antes”. No eres perfecta. Aún estás en camino de serlo. Y de todos los aspectos a los que podría apuntar, hay uno que no puedo dejar de mencionar: la violencia que sufre la mujer en tus casas, Guayaquil. Una buena noticia: la Ley para prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres. Parte de esta estrategia incluye la educación. El decreto afirma lo siguiente: se deberá elaborar mallas curriculares que fomenten la igualdad entre hombres y mujeres. Para llegar a esa redacción se obligó al Gobierno a dar su brazo a torcer. La crítica era la siguiente: en el texto anterior se incluían conceptos ambiguos. De forma específica: “nuevas masculinidades”. ¿Qué se entiende por esto? Ni unos, ni otros lo tenían claro. Aplaudo el cambio. Mientras menos espacios haya para interpretación, mejor. Sin embargo, hay puntos que no puedo dejar de mencionar. Una de las críticas era sobre la imposición del Estado en la educación. En otras palabras, adoctrinamiento. De ahí la resistencia: “Con mis hijos no te metas”. Padres preocupados porque el Estado se entrometa. Pero, un detalle: los textos, las mallas curriculares, no se imponen. Al menos no en el ámbito privado. Los colegios particulares no están obligados a seguir el programa, ni a dar el material. El Ministerio provee el objetivo que debería trabajarse y cada institución lo maneja. El escenario “doctrinario-apocalíptico” es una exageración que alimenta una cruzada. El argumento de que “el Estado no debería involucrarse en la educación pública” simplemente no sabría cómo sostenerlo. ¿Si no es él, quién entonces? Pero felicito la preocupación por la educación pública, aunque sus hijos no atiendan a ella. Es la primera vez que veo a este sector de la sociedad consternado por la calidad educativa del Vicente o el Aguirre Abad. Es la primera ocasión que veo que los reconocen como suyos. Imagínense lo que lograríamos si esta defensa por sus derechos fuera más allá. Guayaquileño, madera de guerrero. Ojalá el próximo 25 de julio estemos más cerca de cumplir con la letra.