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CECILIA VELASQUE
Dificultades. Para las mujeres indígenas es más complicado ver sus nombres en la papeleta.ARCHIVO

La lucha de las mujeres indígenas

Para ellas, lograr que sus nombres estén en una papeleta no es fácil, aún más conseguir el respeto de una sociedad machista, sexista y racista

Los comicios presidenciales y legislativos del pasado 20 de agosto tuvieron como característica principal la igualdad de género en participación. Sin embargo, de los 1.333 candidatos que se postularon, 64 pertenecen al sector indígena, de este último valor, 30 son mujeres.

Dos mujeres indígenas fueron inscritas para asambleístas nacionales, 28 para asambleístas provinciales y ninguna fue postulada para la Presidencia y/o Vicepresidencia del país.

Para Cecilia Velasque, subcoordinadora nacional del Movimiento Pachakutik, la participación de la mujer indígena, “como en toda sociedad machista patriarcal, es cuestionada; la violencia psicológica es permanente hasta por compañeros que tienen recorrido político, dirigencial o un liderazgo parroquial, cantonal o provincial”. Hace más de siete años participa dentro de la organización política y comenta que no le fue fácil llegar a ser parte de la dirigencia, peor mantenerse.

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Aunque la violencia política de género es transversal para todas las mujeres por el machismo estructural que existe en la sociedad, la lideresa indígena afirma que esta es mucho más visible en las indígenas. Para muchas de ellas es más difícil participar en la política por la falta de recursos económicos y aunque “las compañeras a lo mejor no puedan decir que han sufrido violencia política”, indica Velasque, los hombres “muy sutilmente” son los que deciden que ellas no ocupen los primeros lugares de las listas. Por esto, para Velasque ha sido importante la Ley de Cuotas porque “nos ha ayudado mucho, al menos en mi organización política, de lo contrario no hubiésemos tenido presencia de las mujeres”.

Pedro de la Cruz, expresidente del Parlamento Andino y militante indígena del movimiento Revolución Ciudadana, expresa que, aunque todavía existe el machismo rural, este no se da solamente en el sector indígena, sino que está en todos los espacios, pero la mujer de acuerdo con la educación que tiene va ganando su protagonismo, dice. No obstante, reconoce que “el tema legal, de que haya una paridad, ayuda a que exista mayor participación de la mujer.

A esta realidad se suma el racismo y el sexismo. Amy Gende, asambleísta provincial electa por el movimiento Construye, expresa que durante la campaña política recibió muchos comentarios por su género, como el que “una mujer no puede participar en la política, no puede liderar porque tiene que preocuparse por su apariencia física, por cambiarse los paños diarios o porque una mujer es alguien muy delicado, que no impone”.

También su educación académica fue cuestionada, ya que las personas creían que, si provenía de un pueblo indígena, no pudo haber accedido a una educación superior, cuenta la asambleísta. Así también le reprocharon el que hablara bien el español. Esto, al principio de la campaña, la desanimó. Luego de la campaña su organización política analizó los ataques que recibió en redes sociales y se dieron cuenta que provinieron de hombres y mujeres sobre los 30 años. Sin embargo, Gende recibió apoyo de los jóvenes.

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Milton Luna, historiador, activista social por la educación y catedrático de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, explica que estos actos de violencia se deben a que el patriarcado en la sociedad ecuatoriana es muy fuerte y para erradicarlo depende de un proceso estructural largo. “Solo para que haya un cambio de estos patrones en el corto plazo se necesita profundas modificaciones en el sistema educativo, en los aspectos de interculturalidad y de género, y eso lamentablemente no tenemos en el país”.

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Carol López, socióloga y catedrática de la Universidad de Guayaquil, sostiene que ser mujer y hacer política en Ecuador es complicado, pero ser mujer indígena y hacer política es más complicado, como el caso de la viceprefecta de Imbabura, Paolina Vercoutère, quien fue altamente excluida por su demanda de paridad política en la Alcaldía de Otavalo, cuando ella fue concejala, ejemplifica.

No obstante, señala la socióloga, la participación de la mujer indígena se ha incrementado, lo que se puede visualizar en su participación en las manifestaciones de 2019 y 2022, ya que ellas estuvieron en el territorio organizando las bases, de primer y segundo nivel; a su criterio ellas “están siendo legitimadas en su liderazgo y a nivel nacional se comienza a generar la visualización de la mujer indígena, lo que no ocurre con las mujeres afros ni montuvias”, consolidando su participación política y ciudadana.

Con esto concuerda Luna y sostiene que la participación de las mujeres es muy importante y han sido reconocidas como símbolo importante de la lucha indígenas, entre ellas Dolores Cacuango, Tránsito Amaguaña; ellas han ganado una gran presencia política y electoral; resultado de ello es que las cinco curules que obtuvo Pachakutik son de mujeres.

Además, el docente expone que en los últimos diez años ha surgido una mayor participación de mujeres jóvenes, pero particularmente se ha acelerado hace tres años. Una de las lideresas que ha ganado un enorme respeto es Nina Pacari, considera.

Para Velasque, estas apreciaciones suelen quedar solamente en la oratoria, ya que al final, al momento de nominar y de seleccionar las candidaturas, “por arte de magia desaparecen esos discursos”. Muchas de ellas tienen que buscar a un hombre para que las apadrine, de esta forma logran que la dirigencia las apoye para participar en los diferentes comicios.

A diferencia del sector indígena, López manifiesta que en Esmeraldas hay una anomia total de la sociedad, ya que no está funcionando la sociedad ni los pactos sociales, debido a que hay un abandono estatal muchísimo más evidente. En cambio, así empiecen a generar organizaciones sociales de acción colectiva femenina, los pueblos montuvios y las mujeres marginales de Guayaquil todavía no han logrado la madurez que han logrado las mujeres indígenas a través de Pachakutik, añade.

Luna también resalta el papel que las mujeres mestizas han tenido en torno a la lucha por sus derechos y que son representantes de organizaciones sociales y de activismo social.

De la Cruz sostiene que los indígenas también están luchando por el que no solo se los vincule con Pachakutik, ya que ellos también se encuentran en otras organizaciones políticas, como el caso de la viceprefecta Vercoutère, quien milita en Revolución Ciudadana. “Siempre se ha insistido en que haya una participación indígena en este movimiento político”, declara. 

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