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‘The European Union first’

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La Unión Europea es hoy más necesaria que nunca, no solo para Europa sino para el mundo entero. Ante un contexto global convulso e incierto, el proyecto europeo aparece como un instrumento esencial para hacer frente a las amenazas más serias a las que nos enfrentamos: los cantos de sirena del aislacionismo y el proteccionismo internacional y los nacionalismos y extremismos que, una vez más, asoman la cabeza en Europa y más allá. La UE constituye nuestra mejor herramienta para combatir ambos. Una UE que aún afronta retos importantes y para la que el “brexit” ha supuesto un duro golpe. Urge por tanto trabajar para consolidarla y por ello sus Estados deben tener hoy una prioridad clara: “the European Union first”. Dicha misión no debe ser entendida como ejercicio de unilateralismo, sino todo lo contrario, como inversión en el mejor instrumento que tenemos para defender el multilateralismo y enfrentarnos a los populismos y nacionalismos excluyentes en el continente. El multilateralismo que ha regido el orden político internacional durante los últimos setenta años no es un capricho ni un lujo. Al contrario, es la necesaria y más importante herramienta para afrontar los retos de un mundo interconectado, muchos de cuyos problemas no pueden ser abordados a nivel nacional. Este orden se sustenta en varios principios básicos: que el mantener la paz y construir el progreso requiere entender y respetar las necesidades e intereses del otro; que estos intereses pueden tener tanta legitimidad como los nuestros; y que con espíritu constructivo podemos llegar a acuerdos en los que cediendo todos ganamos todos. El multilateralismo no es por tanto producto de una solidaridad insostenible sino el resultado de una interpretación inteligente y con amplitud de miras del interés propio. Desde su creación, los Estados miembros de la UE han dado ejemplo, a pesar de innegables errores y problemas aún sin solucionar, de cómo las diferencias se pueden resolver de manera pacífica y constructiva. Además, centrarnos en la construcción de la UE es la manera más eficaz de luchar contra la principal amenaza política a la que se enfrentan hoy los Estados de la Unión: el auge de los extremismos, los populismos y los nacionalismos excluyentes. Nadie puede poner en duda que la UE, con sus defectos, ha sido una fuente de paz, democracia, modernidad y progreso para todos sus Estados. Ofrece hoy quizás la mejor defensa de los valores democráticos e ilustrados con la que contamos. Episodios recientes muestran lo vulnerables que pueden ser las democracias nacionales a mensajes simplistas y populistas. La estructura institucional de la UE, con sus filtros y “checks and balances”, representa la barrera más eficaz de la que los Estados miembros disponen ante ese flanco débil de las democracias que representan los extremismos. El modelo comunitario ofrece, vía la necesaria negociación que se tiene que establecer entre los diferentes países e intereses para llegar a una posición común, la mayor protección frente a las políticas populistas y nacionalistas que tanto daño han hecho en el pasado al continente y al mundo entero. En estos momentos de tribulación, la UE puede y debe acelerar aún más su construcción. Es el momento de Europa.

Project Syndicate

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