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El ‘Idolo’ pega con la ‘Sur’ en casa
22 buses internacionales trasladaron a los miles de hinchas de Atlético Nacional desde Medellín hasta Guayaquil.

Iba a ser una noche diferente. Barcelona volvió a su estadio con una tremenda remontada ante el campeón de América, luego de ese bochornoso episodio de su ‘barra brava’ en el campeonato nacional. Allí, en el epicentro del incidente, no cambiaron los matices y ese decreto de que “a la general (sur) no se viene a ver el partido, se viene a alentar al equipo”, se respetó.
Mientras que los ‘verdolagas’ calentaban la percusión de sus temas, en la platea baja de la General Sur los miles de integrantes de la Sur Oscura intercambiaron miradas y reemplazaron los bombos por sus palmadas. La ‘murga’ -como ellos llaman a los tambores, al carnaval en la grada- estaba ausente, pero el grito es innegociable.
Arrancó el partido. Se izaban los trapos y en el aire, el olor del tabaco se mezcló con el de la marihuana -que a pesar de la impetuosa requisa, lograron ingresarla-. La barra sentía impotencia, su fuerte no estaba y para ellos era “un atentado a la fiesta que se vive” en la platea de la Sur.
Douglas Carpio y su esposa Zoila Paguay llegaron con más de una hora de anticipación a la general y su deseo: “ver el partido sentada con tranquilidad con mis hijas (una de tres y otra de cuatro). Las hemos traído porque esperamos que no suceda nada”. Pero su plan se trastocó. Ellos se acomodaron en la parte de cemento que le pertenece a Barcerock, y conforme sus miembros llegaron, se desplazó la familia.
En el campo era otra historia. Barcelona y Atlético Nacional brindaban un espectáculo total. Juego fluido, mano a mano, ida y vuelta, lleno de emociones que contagiaron a las dos hinchadas presentes.
El local manejaba el encuentro como campeón. Intensidad altísima con sus atacantes y letal de contra. Pero Atlético Nacional golpeó primero y en la Sur se sintió.
La general ya se sentía maltrecha y el gol la debilitó más, pero el equipo le devolvió la vida. El gol de cabeza de Jonatan Álvez logró que más de 50.000 personas estremezcan el estadio con “un solo Ídolo tiene el Ecuador”; la remontada de Marcos Caicedo fue pura algarabía.
Desde allí, la platea Sur no se detuvo más. Ya se apagaban las luces del primer tiempo y los hinchas no dejaban de llegar.
Dos miembros de la Sur Oscura explicaron a EXPRESO que “sin la murga, no es lo mismo, pero Barcelona es pasión y no se lo abandona, además hoy (ayer) les ganamos a estos”, dijo uno de ellos que a pesar de querer mantener su anonimato, un tatuaje en su antebrazo delató su nombre -Jonathan-.
El ambiente era el mismo. Las distintas filas de la Sur Oscura se desplazaron por la grada, cada una cantando en su parte de la localidad y empujando a esos que no se atrevían a cantar.
Abrazados y saltando entre ellos, con su torso desnudo, exhibiendo en su pecho el escudo del club amarillo, con el ‘porro’ en la mano. Pero en medio de todos ellos, un niño en los hombros de su padre -Rigoleth Peñafiel-, lanzó la frase que todavía retumba en el Monumental, “papi, yo quiero jugar aquí”. Su tercera vez en la grada y este 2-1 peleado, lo enamoró sin la murga.
Es que a pesar de que la dirigencia de José Francisco Cevallos dijo que la ‘Sur Oscura’ no entra más, es difícil controlarlo. Ayer no entró la ‘orquesta’, pero los dueños de la General Sur siguen siendo ellos. Una localidad en la que los murales interiores son dedicados a las filiales y no a sus jugadores. Donde se confunde la pasión con degeneración, el fútbol con anarquía.