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Lecciones sudamericanas

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Lo que está pasando en estos días en Argentina y en Brasil implica una drástica ruptura con las certezas de estos últimos diez años, que se volvieron costumbre. Costumbre para alertar sobre los límites de peligro para los ciudadanos críticos en sus difíciles relaciones con los gobiernos progresistas que, se suponía, eran afectos a la crítica y al disenso que durante décadas pregonaron. Costumbre también que se convirtió muchas veces en resignación ante una impunidad que negaba con agresividad y cinismo lo evidente.

Hay mucho que aprender de lo que hoy sucede entre nosotros, más que por ejemplo de la contienda eleccionaria estadounidense, donde la figura de uno de los candidatos inocula con sabor circense la contienda. A lo que asistimos hoy en Argentina y Brasil es a nada menos que lo que Carlos Pagni llama en su columna de “La Nación”, “derrumbe de una construcción precaria”. Es el violento ocaso del kirchnerismo, no en una batalla heroica de la guerra sucia, sino en los videos de una compañía de seguridad, transmitidos por un canal de televisión, donde empresarios y figuras cercanas al anterior régimen -la oficina se llama no sin razón “La Rosadita”- cuentan fajos de millones de dólares, pesos y euros, producto de corrupción y desviaciones que construyeron lo que se llama “la ruta del dinero K”.

En Brasil, el desencanto y la cólera ante la revelación de una corrupción sistemática, hunde la credibilidad de una de las empresas gigantes de la región con la mayoría de los políticos, pero sobre todo con la figura legendaria de Lula y el largo ejercicio del poder del Partido de los Trabajadores.

“En Brasil, cuando un pobre roba, va a la cárcel; cuando un rico roba, se convierte en ministro”, dijo Lula en una entrevista al diario O’Globo, en 1988. La frase, aplaudida en su momento por su denuncia de la injusticia e impunidad del antiguo régimen, se vuelve hoy iracunda contra quien la pronunció.

La lección es clara: hay una alianza oscura e indisoluble entre autoritarismo y corrupción.

La ideología no inocula de corruptos, ni absuelve.

colaboradores@granasa.com.ec

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