Sobre “el robo de las limosnas a las siete iglesias en Tungurahua”
Cuando se conocen los robos de las limosnas, mi mente recuerda la vigencia de la anécdota de Tito Vespasiano, emperador de Roma desde el año 69 hasta el 79 d. C., quien al necesitar grandes sumas de dinero para costear guerras y obras monumentales creó una tasa sobre la orina. Su hijo Tito se opuso a dicho proyecto y Vespasiano ordenó traer dinero, preguntó a su hijo cómo olía y este no percibió ningún tipo de olor, es ahí cuando dijo su famosa frase; “Denarius non olet”, es decir, el dinero no tiene olor, ya que venga de donde venga, el dinero siempre será dinero y es precisamente dicha condición lo que lo convierte, para los antisociales, en un objetivo más de obtención inmediata en ese día.
Robaron siete iglesias y causaron sacrilegios en Tungurahua; el culpable fue detenido. Su progenitora en entrevista del 05/sept./2019 en Diario Extra, dice que su hijo sufre de enfermedad incurable y transmitida por sus amigos.
Vale la pena se analice estos antecedentes, aunque no son justificación. Tal vez sugieran que el odio y la escasa salud mental del ejecutor sean los que encienden los cerillos en los sacrilegios, dado que serían manifestaciones de odio contra Dios por no devolverle la salud.
El poder de Dios es infinito pero trabaja en su debido tiempo y no a presión de hechos vandálicos.
Econ. Marysol del Castillo