“Quienes impartan justicia deben ser los mejores”
U no de los principales objetivos de la Constitución de Montecristi era modernizar la justicia. Pero, lamentablemente la metida de manos en ella dejaron enormes vacíos. Sus novedosas reformas al ser trasladadas a un contexto de clientelas y politiquería, crearon problemas estructurales aún sin resolver después de que han pasado varios años de su aprobación. El resultado es lamentable: Una justicia contaminada de corrupción, congestionada, arbitraria y politizada en decisiones jurídicas. Una justicia enferma es causa de impunidad, caos social y tiranía.
Son imperativas intervenciones drásticas que hay que tomar. Como la que tomó el consejo de participación ciudadana transitorio. Porque, una democracia estable busca que la justicia garantice la aplicación de la ley y el respeto al derecho de todos. Su eficacia depende de tener leyes justas y jueces éticos, competentes, autónomas, que actúen con neutralidad apegada a la ley. El nuevo esquema, debería, además, definir una carrera judicial en la que quienes impartan justicia sean los mejores.
Con un régimen de inhabilidades e incompatibilidades riguroso, que premien el conocimiento, la experiencia y el desempeño ético de los magistrados, jueces y fiscales. Una carrera en la que sea difícil entrar, pero que permita expulsar inmediatamente a quien falle.
Eco. Mario Vargas Ochoa