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“Llego la hora de la construccion liviana”

A Carlos Martínez Lema le gusta la arquitectura, los sistemas de construcción sismorresistentes y transmitir sus conocimientos a la gente. Y tras el terremoto que destruyó al menos 5.756 inmuebles de todo tipo, la mejor pista para ubicar a este arquitecto colombiano, en estos días, es nuestro país.
Con veinte años de experiencia en sistemas de construcción liviana, Martínez Lema es una especie de voz autorizada en el tema. Ha escrito diversos manuales sobre la instalación de placas de fibrocemento autoclavadas en todo tipo de obras (viviendas, edificios, hospitales, escuelas...), y viaja por todos los países de la región donde se requiere conocer sobre este y otros materiales alternativos e innovadores. Hace pocos días ofreció en Guayaquil y Quito una serie de charlas sobre el sistema constructivo conocido como ‘Drywall’, que tiene dos características fundamentales: ser liviano y ser seco. En otras palabras, no requiere de bloques, ladrillos, ni mezclas de cemento agua y arena y, dan como resultado estructuras de poco peso, y por tanto atraen poca fuerza sísmica.
“Puedo decir que en Colombia soy una de las primeras personas que empezó a trabajar con este sistema -comenta sin tapujos- luego me vinculé a Eternit para manejar esta línea”.
Parte de sus tareas en este grupo empresarial con matriz en México, es la de capacitar a mucha gente sobre este sistema muy conocido en países como EE. UU. y Japón, donde la actividad sísmica es frecuente.
Para destacar las bondades de este sistema constructivo, este profesional pone como ejemplo los terremotos en Haití y Chile en 2010: “La cantidad de construcciones que fallaron dejó más de 200.000 víctimas en el primero, mientras que en el otro país llegaron a solo 500. ¿Cuál fue la diferencia? -pregunta- justamente que en países como Chile se utiliza en forma generalizada el sistema de construcción liviano”.
Pero aunque su trabajo y su pasión son las estructuras de rápida instalación, Martínez Lema no deja de lado otros aspectos de su profesión como el urbanismo. De ahí que siempre que va a cualquier parte no deja de admirar los cambios y avances experimentados por estas. Por ejemplo, sobre los cerros Santa Ana y El Carmen, dice que cada vez que los ve le llama mucho la atención que “un sitio de construcciones de estratos socioeconómicos modestos, con un buen tratamiento, mucho colorido, termina convertido en una zona de gran atractivo para Guayaquil”.