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“Hijo, levantate, soy tu madre que te esta hablando”

No solo mostraban el luto con la ropa que vestían, sino que se les notaba en sus rostros. A paso lento y con varios ramos de flores, familiares, amigos y conocidos de los Bonilla-Castro llegaban para darles el último adiós.
A un costado de la carretera, en el sitio Sambembe, de la vía Jipijapa-Guayaquil, en una vivienda de dos plantas de caña guadúa, se velaban ayer los restos de Pabla Parrales Narváez, de 65 años; su hija Shirley Castro Parrales, de 30; Jorge Luis Bonilla Pilligua, (esposo de Shirley) y los gemelos de seis meses que ella llevaba en su vientre.
Ellos fallecieron la tarde del domingo en un choque en la vía Santa Elena-Guayaqui
No solo mostraban el luto con la ropa que vestían, sino que se les notaba en sus rostros. A paso lento y con varios ramos de flores, familiares, amigos y conocidos de los Bonilla-Castro llegaban para darles el último adiós.
A un costado de la carretera, en el sitio Sambembe, de la vía Jipijapa-Guayaquil, en una vivienda de dos plantas de caña guadúa, se velaban ayer los restos de Pabla Parrales Narváez, de 65 años; su hija Shirley Castro Parrales, de 30; Jorge Luis Bonilla Pilligua, (esposo de Shirley) y los gemelos de seis meses que ella llevaba en su vientre.
Ellos fallecieron la tarde del domingo en un choque en la vía Santa Elena-Guayaquil.
Dolor de una mamá
“Hjito de mi alma, levántate, soy tu madre que te está hablando”, eran las palabras entrecortadas y de dolor que pronunciaba Flérida Pilligua, madre de Jorge Luis.
“Yo esperaba que mis hijos lloren en mi tumba y no yo en la de ustedes”, repetía una y otra vez la suegra de Shirley, quien lloraba desconsoladamente frente a los féretros de sus parientes.
En el recinto Sambembe, todo era tristeza y desolación. Los comuneros lloraban porque jamás imaginaron que despedirían a toda una familia de un ‘solo golpe’. Carlos, uno de los campesinos, llegó muy temprano al velatorio. Se sacó su sombrero blanco y se persignó frente a los ataúdes. Luego abrazó a Daniel Pilligua, tío de Jorge Luis, ambos estallaron en llanto.
Darle el último adiós a la pareja que hace 14 años salió de ese recinto a buscar mejores días era muy duro para sus deudos. Regresaron al lugar que un día los vio emigrar, pero en ataúdes.
Daniel Pilligua, tío de Jorge Luis, recuerda que su sobrino salió hace 16 años del recinto El Ramito, del cantón Jipijapa, para mejorar su situación económica y desde entonces trabajaba en una avícola en Santa Elena.
Dos años después conoció a Shirley, también oriunda de ese lugar y unieron sus vidas fuera del campo. Procrearon una niña de 12 años que hoy se quedó sin sus progenitores. La noticia de tener gemelos lo tenía muy ilusionado a Jorge, comentó Daniel.
Los esposos, el día de la desgracia, se trasladaban desde su vivienda, ubicada en el sitio Buenos Aires, en Atahualpa, a una casa de salud de Santa Elena, cuando les llegó la muerte.
Según Daniel, los restos de Jorge Luis Bonilla, ayer en la tarde, iban a ser trasladados desde Sambembe hacia El Ramito para velarlos unas horas.
Sus restos regresarán hoy a donde están los demás fallecidos para darles cristiana sepultura en el sitio La Naranja, de Jipijapa.
Natalia Castro, tía de Shirley, dijo que su cuñada Pabla Juana Parrales, hace 8 días viajó desde Sambembe hacia Santa Elena para cuidarla a su hija por su embarazo.
“Qué dolor tan grande perder a cinco miembros de una familia”, decía la mujer mientras contemplaba que sus vecinos acomodaban los ramos de flore sobre los féretros.
Los comuneros, tanto de Sambembe como de La Naranja, se preparan para hoy en la tarde despedir a quienes un día fueron sus buenos amigos y vecinos.