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“Cuando el dolor afecta a la colectividad”

S iempre es lamentable la muerte de un ser humano. El dolor para la familia y sus amigos es inenarrable. La pérdida de una vida nos disminuye como humanidad, como dice John Donne en su poema ‘Por quién doblan las campanas’. Pero no puede ser pretexto para afectar la actividad de toda una colectividad.
Esto, en relación a una transitada vía al sur de Guayaquil, cerrada arbitrariamente por la dolorida familia de un hombre fallecido en un accidente de tránsito. Acciones como esta no se deben tolerar. La autoridad no debió permitirlo. La permisividad no debe repetirse porque sería incentivo para la anarquía que amenaza instaurarse en la ciudad, agravando aún más los problemas.
Teófilo Villón Barros