La justicia tiene la palabra
La corrupción galopa sobre gran parte de Latinoamérica, sin respetar ideologías, colores, ni banderas. De norte a sur, tiene en Guatemala a la exvicepresidenta Roxana Baldetti y al expresidente Otto Pérez Molina en una de las cárceles de ese país, acusados de delitos de peculado. En Honduras, el expresidente Rafael Leonardo Callejas y miembro destacado de la FIFA, se encuentra igualmente tras las rejas por haber procedido deshonestamente en contra de los intereses del erario nacional. Ricardo Martinelli, expresidente de Panamá, está enjuiciado penalmente por peculado en contra de los intereses económicos de su país. Los sobrinos de Cilia Flores, esposa de Nicolás Maduro, presidente venezolano: Efraín Campos Flores y Francisco Flores De Freitas fueron apresados en el Caribe y llevados a EE. UU., en donde se encuentran presos, acusados de tratar de traficar 800 kg de cocaína, respaldándose para ello con pasaportes diplomáticos extendidos por el Gobierno de Venezuela. Un hijo de la presidenta de Chile, Sebastián Dávalos, está sindicado por haber ejercido tráfico de influencia en negocios inmobiliarios de su esposa. Esta situación de corrupción ha hecho que Michelle Bachelet vea disminuir el respaldo popular que tuvo cuando asumió el poder por segunda ocasión. En Argentina, la expresidenta Cristina Fernández vio crecer su fortuna durante el ejercicio de su mandato, según dicen los analistas argentinos, en más del 800 %, lo cual es una ofensa para la pobreza de millones de argentinos. Ella, junto con otros miembros de su Gobierno, deberá enfrentar a la justicia argentina por una serie de delitos que se le atribuyen. Dilma Rousseff, presidenta de Brasil, cuenta con un respaldo popular de apenas 10 %, consecuencia de grandes negociados cometidos en su Gobierno, especialmente con Petrobras. El 2015 dejó una gran tarea a la justicia de nuestro continente, y los pueblos, que tienen que creer en algo, esperan ansiosamente que esa justicia actúe con celeridad e independencia para que se sancione, si el caso fuere así, a los corruptos, y de esta manera sentar precedentes para el futuro, al evitar que la corrupción sea moneda corriente.
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