Juan mantiene el gran saber de sus ancestros

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Juan mantiene el gran saber de sus ancestros

Este morlaco maneja el oficio y todas las técnicas para hacer los utensilios. En su familia no hay quién siga con el legado

Artesano
Juan Gutiérrez, un forjador de metales en la ciudad de Cuenca. Destaca por mantener ese oficio que sus ancestros le enseñaron.Jaime Marín / EXPRESO

Bajo el cobijo de unas paredes de adobe y bahareque, y un techo de teja; casa antigua ancestral y patrimonial, se halla el taller de Juan Gutiérrez, forjador de metales. Está signada con el número 13-18, en la calle La Condamine, en el viejo barrio de El Vado, al oeste de Cuenca. En el dintel de la puerta se visibiliza el tenue brillo del cobre pulido, embellecido y labrado; es de algunos de los trabajos que por cuarta generación elabora el artífice cuencano de 56 años de edad.

Cuelgan unos sartenes, unos inciensiarios, unas jarras, espumaderas y algunos baldes, adornos en miniatura que recuerdan los utilitarios en cobre que se utilizaban hasta los años 50 y 60. El oficio, una rama de la hojalatería, es tan ancestral como la casa misma, dice Juan. Un poco nostálgico, pero a la vez feliz de mantener el arte manual heredado de sus antepasados y enseñado por su padre José David, repasa parte de su vida como artesano. Dice que comenzó a los diez años de edad, viendo a su padre, tíos y primos. La destreza, habilidad, ingenio y pulso, lo fue puliendo con el tiempo mientras elaboraba lavacaras; que servían para lavar los trastes en la casa y lavarse la cara; jarras, baldes, pailas, alambiques, cantarillas para llevar y guardar la leche, es decir, utilitarios que se usaban cotidianamente, pero que ahora prácticamente han desaparecido.

Actualmente y bajo pedido, se elaboran alambiques que sirven para destilar el trago o alcohol; y, las pailas de cobre, apetecidas por los chefs debido que el material (cobre) es excelente conductor del calor y evita que los alimentos se peguen, además de que las comidas en estos recipientes toman un sabor exquisito y diferente.

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Con ingenio y frente a la desaparición de los utilitarios antiguos, asegura Gutiérrez que trata de mantener lo artesanal combinado con el cincelado y la forja, elementos apetecidos principalmente por los turistas extranjeros de Europa.

“Soy un artesano”, dice; por que maneja el oficio y todas las técnicas, a diferencia del artista que domina el oficio, de ahí que “me considero más un artesano que un artista, aunque prefiero que la gente me diga que soy un señor”, ya que eso le significa mucho, adujo el forjador de cobre.

Artesano
Los adornos que hace los exhibe en su taller a donde acuden los clientes.Jaime Marín / EXPRESO

Todos sus trabajos los hace a pulso, golpes de martillo, cinceles; a mano todo, con apenas una suelda autógena y una dobladora como herramientas, es decir nada de equipos automáticos no semiautomáticos, peor aún con moldes, lo que explica por qué es un artesano.

A Juan Gutiérrez, muchos lo consideran como un artesano patrimonial, calificativo que los agradece, pero no comparte, pues señala que lo único que hace es mantener el oficio con el cual subsistieron sus bisabuelos, abuelos, padre y ahora él.

Lo que más le alegra es el mantener el taller en el barrio de El Vado, el que nació con la fundación misma de Cuenca y donde se ubicaron sus antepasados con el oficio.

Aquí “nos hemos desenvuelto” desde ‘guaguas’, viendo trabajar a mis abuelos y a mi papa”, lo que considera un lugar ‘genético’ y ligado al taller.

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Las casas de la zona, (barrio) eran posadas, la gente llegaba a pernoctar, para el siguiente día regresar a los lugares de donde venían, como: Tarqui, Molleturo, Chaucha, es decir del sur de Cuenca. Es la entrada a la ciudad, por la parte baja de una gran cruz, ícono religioso de la barriada, cuenta Juan.

El tiempo ha pasado, rápido, son ya 46 años “que llevo forjando el cobre”, aunque en la actualidad con elementos utilitarios menores y decorativos, y eso hace pensar que el oficio en esta rama de la hojalatería, desaparecerá definitivamente. En su familia no hay quién continúe con el oficio, tampoco han surgido nuevos artífices.