Jeremy Peralta, amor y lucha tricolor

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Jeremy Peralta, amor y lucha tricolor

El vicecampeón olímpico de los Juegos de la Juventud vive en medio de necesidades, sueña con sacar adelante a su familia y se fija los JJ. OO. París 2024 como meta.

Intimidad. Jeremy muestra orgulloso en su humilde cuarto la licra y los zapatos con los que llegó a la final de los Juegos Olímpicos de la Juventud el pasado 12 de octubre.

En un rincón del estero Salado, en el Guasmo Sur, junto al mangle, se levanta una barriada de unas dos cuadras de extensión donde todos se conocen. Las necesidades son notorias. Casas sin enlucir o con paredes de caña y techos de lata corroídos forman en mayor parte el paisaje. Aunque el nombre oficial del sector es Cooperativa Batalla de Tarqui, muchos lo conocen como ‘Punta Arrecha’, nombre casi prohibido, pero que habla del tesón de sus habitantes. Ahí se crio Jeremy Peralta, el actual vicecampeón olímpico juvenil de lucha grecorromana.

Una cerca construida con palos de madera divide el exterior de la pequeña vivienda al pie del estero, en la que habita el deportista de 15 años junto con sus padres y 3 hermanos. Jeremy cumple hoy ocho días de haber llegado de Argentina con la medalla de plata y todavía es requerido para homenajes y reconocimientos. Sentado en un mueble vetusto conversó con EXPRESO. Pese a su corta edad, habla con mucha seguridad; dice que siempre luchó por el oro. “Le mentiría si le digo que me conformé con la plata; aún así, creo que es importante lo conseguido porque llegar a la final (de los 45 kg) fue duro. Estuve muy cerca de perder la semifinal, pero se pudo ganar y llegué a la definición por el primer lugar”, confiesa.

Jeremy en su casa es “Yeyemy”. Así le dice su hermana Tiffany de seis años, quien es una de sus inspiraciones. La pequeña padece del síndrome de Dandy-Walker, discapacidad que no le permitió desarrollar una pared del cerebro y que es característica por generar un grado de hidrocefalia. La niña puede ver, escuchar y hablar, aunque con dificultad; lo que aún no puede es caminar, condiciones que pueden cambiar con un tratamiento que todavía no llega y que se ha convertido en el anhelo del luchador. Sabe que la medalla llegó para cambiarle la vida.

“Cuando me fui le hablé (a Tiffany) al oído y le dije que iba a darlo todo por ella. Ya cuando volví le puse la medalla entre sus manos y me gritaba “Yeyemy, Yeyemy”. Créame que eso me hizo sentir que la medalla fue de oro”, acota el deportista con voz entrecortada y los ojos llenos de lágrimas.

“Lo de Jeremy y Tiffany es algo especial. Cuando ella dice su nombre lo hace con pasión; él le responde con juegos, le soba la barriguita y le dice que es su novia. Tiffany contesta con abrazos y besos”, manifiesta conmovida Rocío González, mamá de Jeremy.

Mirando para atrás, a doña Rocío todo aún le parece mentira. El deporte llegó a la vida de su hijo de manera casual hace apenas tres años. Cuenta que a ella le gustaba jugar fútbol en equipos del barrio y fue por eso que el luchador se metió en una escuela, pero no le gustó. “Era malísimo (en fútbol), tenía dos pies izquierdos; no sabía para dónde correr”, ratifica el propio deportista soltando una carcajada; de ahí que hace dos años acudió a una escuela de lucha que había a pocas cuadras de su casa y no salió más. Su descubridor fue Orlando Huacón, el primer luchador ecuatoriano clasificado a unos Juegos Olímpicos. Hoy su entrenador de base es Eduardo Puertas.

“Todo fue rápido. Primero fui a un Nacional y perdí, luego a unos Juegos Nacionales y quedé campeón; finalmente clasifiqué a un Panamericano en Chile, donde fui doble medalla de bronce en lucha estilo libre y grecorromana, y de ahí vinieron los Juegos Olímpicos de Juventud”, dice Jeremy, quien estuvo a punto de no ir a Buenos Aires, Argentina, porque tenía 7,5 kilos de sobrepeso. Su categoría es la de los 45 kilos y él pesaba 52,6 kg, algo que a base de dieta, entrenamiento y esfuerzo pudo superar y hacer historia en la lucha ecuatoriana.

Hoy Jeremy tiene las cosas más claras; quiere una mejor vida para su familia, seguir creciendo como deportista y coronar unos Juegos Olímpicos absolutos; la meta es París 2024. Madera tiene.

Apoyo

Se viene una casa nueva

La medalla de plata comenzó a surtir efecto. “Me dijeron que me iban a apoyar con una casa entre todos los organismos deportivo del país. Ya se estaba gestionando eso”, dijo el miércoles ilusionado Jeremy, quien recién este año entró al Plan de Alto Rendimiento (PAR), en el que recibe 380 dólares mensuales, pensión que está seguro variará en la recategorización, tras el vicecampeonato olímpico. CFH