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James y Colombia, lagrimas de valentia
Los de José Pékerman no consiguieron el objetivo, pero pueden irse de Moscú con la cabeza en alto.

Comenzó tapándose la boca para que nadie entienda lo que le susurraba a Esteban Cambiasso y terminó cabizbajo, llorando con las manos en la cara. James Rodríguez, lesionado, sufrió, insultó al árbitro subido al vidrio de la primera fila de la tribuna de prensa, enloqueció en un enorme abrazo con el gol de Mina, pero finalmente, como los miles de colombianos en el graderío, lamentó el último fallo de Carlos Bacca en unos dolorosos penales ante Inglaterra.
Los de José Pékerman no consiguieron el objetivo, pero pueden irse de Moscú con la cabeza en alto. Nadie confiaba en ellos en los últimos segundos y alargaron el duelo treinta minutos más gracias a un ejercicio de fe y un enorme salto de Yerry Mina. Los europeos estarán en la siguiente fase, pero el recuerdo que dejan los cafeteros en este país es ya imborrable.
Se van de este Mundial sin haber recibido un solo gol en jugada. Los penaltis, los mismos que acabaron con el sueño ayer, se cebaron con esta selección. El primero, a los cinco minutos del partido inaugural ante Japón, y el segundo ayer, de nuevo cometido por un inocente Carlos Sánchez y transformado con facilidad por Harry Kane. Ese tanto, el del goleador del Mundial, puso aún más cuesta arriba un cotejo en el que los sudamericanos nunca encontraron su mejor nivel.
Con corazón y rezos, los mismos que susurraba James, alargaron la agonía y soñaron por momentos. En el tránsito, muchísimo sufrimiento personificado en la estrella del Bayern de Múnich. Con problemas musculares, finalmente tuvo que vivir el duelo en la tribuna. Llegó sonriente, junto a Miguel Borja y el Cuchu Cambiasso, ayudante de Pékerman. Se animaron mutuamente e inició un cotejo que depararía enormes emociones.
Desde el inicio, los cafeteros no se encontraban en la cancha. El seleccionador apostó por un trivote defensivo formado por Barrios, la Roca Sánchez y Lerma, y la pelota fue dueña de los británicos. James no lo veía claro. Se frotaba el rostro, gritaba algunas indicaciones a sus compañeros, aun sabiendo que nunca lo escucharían y volvía a recostarse en su asiento. Nervioso, aunque por momentos se distraía chateando para superar la tensión.
Esta explotó finalmente con una falta cometida sobre Kane al filo del primer tiempo. Por primera vez se subió al vidrio, insultó al colegiado y tuvo que ser retenido por los hombres de seguridad. Imposible controlar la furia que sentía el colombiano, que durante los cuatro minutos que duró la ‘pelea’ previa al lanzamiento mostró su repertorio de insultos. El lanzamiento fallido, al fin, volvió a sentarle en su butaca.
El segundo tiempo no rebajó los ánimos. El penal de Sánchez encendió al propio volante y sus acompañantes y durante veinte minutos entraron en un bucle de protesta. Cada acción, cada falta o amarilla era una puñalada a sus esperanzas, mientras veían cómo el cronómetro seguía quemando minutos y Colombia no lograba superar la presión en media cancha de los de Southgate.
“¡Vamos Carlitos!”. Con ese grito de James, que ya se había sacado la chompa, correspondido por un guiño del jugador del Villarreal, comenzó a cambiar todo. Bacca ya estaba en cancha, pero fue ahí cuando comenzó a tomar protagonismo. Él lideró una contra perfecta que Cuadrado mandó al cielo de Moscú, para lamento colombiano. Agonizaba el juego, pero los cafeteros mejoraban y rozaban el gol. Y la fiesta llegó como más gusta. “La gana Mina, la gana Mina”, prometía James, mientras la pelota volaba, segundos antes de que Yerry la impactase y la mandase a las redes, igualando sobre la bocina.
Saltó Cambiasso sobre James, junto a Borja, el jefe de prensa de la tricolor y dos utileros, en un abrazo enloquecido junto a algunos periodistas situados en esta zona. Un tanto como premio a la fe y que alargó media hora el partido. Allí, en la prórroga, dominó la selección sudamericana, pero nunca pudo concretar su superioridad anímica. Tendrían que definir los penales.
James bajó a la cancha, formó parte del rezo grupal y regresó a su puesto. Tranquilo, no celebró los primeros goles. “Henderson lo falla, lo falla seguro”, le dijo tapándose la boca a Cambiasso. Y lo falló. “Yo lo dije”. Ese grito retumbaba en la zona, entre los nuevos abrazos. Sin embargo, Uribe primero y Bacca después erraron sus lanzamientos y la felicidad se convirtió en una dura pena.
Ni siquiera tuvieron ánimo para empujar a Ospina en el último lanzamiento. Ya lo veían perdido. Y así fue, anotaron los británicos para clasificar a los cuartos y dejar afuera a esta heroica selección colombiana, que no pudo igualar lo conseguido en Brasil. Regresan a casa, pero lo hacen con el honor de haber competido hasta el último segundo del Mundial.