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Izquierda y derecha
Desde hace un buen tiempo existe el afán de ubicar a los dirigentes políticos, partidos y gobiernos como izquierdistas o derechistas cuando, para nuestro criterio, en lo que se refiere a los gobiernos, simplemente deben catalogarse como buenos o malos.

Desde hace un buen tiempo existe el afán de ubicar a los dirigentes políticos, partidos y gobiernos como izquierdistas o derechistas cuando, para nuestro criterio, en lo que se refiere a los gobiernos, simplemente deben catalogarse como buenos o malos. Los avances sociales que se han logrado en gran parte de los Estados, hacen muy difícil para las nuevas administraciones que se titulan de izquierda emprender reformas sociales, cuando estas ya existen. Tratar de inventar nuevas conquistas sociales para justificarse, solo los lleva a convertirse en populistas. En cuanto a los enmarcados en el centro o en la derecha, les es imposible dar marcha atrás en las conquistas ya efectuadas y, a lo mucho, podrán trabajar un poco más con las empresas privadas y abrirse al libre comercio.
Los gobiernos de lo que se ha llamado izquierda latinoamericana han empezado a caer como piezas de dominó. Así ha sucedido con el chavismo, el kirchnerismo, el PT brasilero y Evo Morales, que se han acercado a los diez años en el poder, tiempo que, según el valioso libro recién publicado por Felipe González, debe durar una tendencia en el poder. A propósito, tuve la oportunidad de hablar siete horas, casi ininterrumpidamente, con González en su visita privada al Ecuador, lo que me permitió considerarlo como uno de los hombres más cultos, experimentados y valiosos que he conocido y tratado.
Uno por Uno. El chavismo, que lleva a Venezuela rumbo a una hiperinflación con una tasa de criminalidad pavorosa, fue derrotado en forma contundente en las últimas elecciones legislativas. El kirchnerismo perdió primero en su intento de mantenerse en el poder y luego su candidato fue derrotado por Macri, que representaba la tendencia opuesta. Evo Morales obtuvo un ‘no’ rotundo en su afán de perpetuarse en el poder. En cuanto a Michelle Bachelet, presidenta de impoluta reputación y que nunca se ha comprometido con el grupo de los mandatarios antes nombrados, está siendo afectada por los manejos de su hijo, quien le sacó partida a la posición política de su madre.
Lula, proseguido por Rousseff y admirado en su momento por medio mundo, sufre una caída violenta, al no poder ni posesionarse como ministro y evitar el juicio político, el impeachment, a su protegida. Brasil, de potencia mundial, pasó a hundirse en la recesión, y la corrupción es de dimensiones nunca antes vistas en los países americanos.
Sin duda, el fin de la bonanza de las materias primas de los gobiernos antes nombrados les permitió cumplir, a medias, con los proyectos de redistribución de la riqueza y se olvidaron de fomentar la creación de ingresos, la inversión, la diversificación y la creación de riqueza. Creyeron que dar trabajo era multiplicar las burocracias, aplicar el proteccionismo, no tomar medidas contra la corrupción y realizar expropiaciones, para que el Estado se haga cargo de negocios que no entiende, ni le corresponden. En definitiva, los gobiernos antes nombrados cayeron en uno o más de los errores citados; eso sí, teniendo como denominador común la corrupción.
Insisto, hay que olvidarse de izquierdas y de derechas, y quien gobierna debe saber enrumbar el país que le corresponde manejar, por el voto popular, olvidándose de tendencias políticas, que se las debe guardar él hasta terminar el periodo que le señala la Constitución.