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Irresponsabilidad politica

La sociedad ecuatoriana se ha visto asediada en los últimos años por lacras que vienen minando sus cimientos de manera paulatina, progresiva y sistemática. La delincuencia, las drogas, el abuso sexual y la maternidad temprana, se tomaron el segmento más vulnerable: los niños y adolescentes.

Esta pandemia la sufrimos gracias a aquellas “mentes calenturientas”, “lúcidas y progresistas”, pertenecientes a un poder que gobernó a través de la dictadura parlamentaria de mayoría, cuyas leyes de “avanzada” debilitaron la institucionalidad, los principios éticos y morales de la familia, utilizando términos ambiguos, elevando a categoría de leyes, principios de antivalores, enarbolando la “defensa de las minorías”.

El derecho de las minorías es el del respeto y tolerancia a su ideología y prácticas. Pero dicho derecho termina cuando afecta al derecho de la mayoría, más aún si le es impuesto.

Me resulta curioso que en la práctica legislativa de la última década haya sucedido todo lo contrario; es decir, el derecho de las bancadas de minoría fue el ser testigos de piedra, bajo el principio de que la mayoría manda. En este punto cabría aplicar aquel refrán popular que dice: “En este mundo traidor, nada es verdad, ni es mentira, todo es del color del cristal con que se mira”.

Es así como llegamos a tener una sociedad de antivalores, donde se legisló desarmando a los civiles, allanando el campo a la delincuencia; donde se legisló en favor de la libertad sexual en los adolescentes, y afrontamos actualmente incremento de embarazos en menores de 14 años; se legisló en favor del consumo mínimo de drogas, y su consecuencia fue el incremento del microtráfico y consumo de estupefacientes en niños y adolescentes. Se distorsionaron principios de la sexualidad, generando confusión a nivel de niños y adolescentes, que de alguna forma fue aprovechado por pervertidos y abusadores contra menores en sus hogares, escuelas y colegios. Esta realidad lacerante es producto del populismo, cuyas leyes destruyeron los valores de la sociedad, por novelería e irresponsabilidad política.