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Inundaciones, vias y efectos
Lo que está sucediendo con algunas vías, carreteras, puentes, etc. en diferentes lugares del país, era de esperarse. Las proyecciones sobre El Niño pasaron de graves a medianas. Incluso en un momento se dijo que podrían tener la magnitud de las de 1982-83 y 1997-98. Por lo tanto, Gobierno, sociedad, ministerios, consejos provinciales y transportistas fueron advertidos. Luego se expresó que la severidad bajaría. El Gobierno central, los provinciales y cantonales, dijeron estar preparados. Hasta se manifestó que los recursos estaban reservados.
Lo que en las últimas semanas de marzo y abril ha sucedido en las provincias de Manabí, Los Ríos, Chimborazo, Tungurahua, Bolívar, Pichincha, Cotopaxi, Azuay, etc., dice a las claras que hay una gran diferencia entre la teoría y la práctica, puesto que en algunos sitios, urbanos y rurales, parece que tales previsiones no existieron.
Los hechos más graves se han dado en Manabí, por crecida de ríos que inundaron un importante sector de Portoviejo. Otras zonas de esta provincia como Santa Ana, Flavio Alfaro, Chone, Bolívar y Rocafuerte también fueron afectadas. Al igual que Los Ríos, en el cantón Urdaneta, por el desborde del río Catarama.
La vía Guayaquil-Quito, en Alóag-Santo Domingo tuvo daños. Asimismo la de Ibarra-San Lorenzo, bloqueada por deslaves que destruyeron carreteras y puentes. Otras perjudicadas son las de Puyo-Baños, Riobamba-Guayaquil, Palo Quemado-Las Pampas, Ambato-Baños, Pelileo-Cotaló-Cahuají, Montalvo-Balsapamba, Azuay-Morona Santiago, etc.
Estos hechos dicen que cualquier previsión quedará corta. Es conveniente que los diferentes gobiernos elaboren una hoja de ruta, más cercana a la realidad, para actuar de mejor manera.
La ciudadanía cree que las diferentes autoridades no han cumplido adecuadamente donde se han producido destrucciones, o lo han hecho a medias. Como fuere, lo cierto es que ante sus resultados no cabe lamentar sino rediseñar las estrategias de los gobiernos respecto a cómo morigerar y atenuar los efectos y cómo hacer más reales y creíbles, tanto las proyecciones cuanto las políticas de previsión. Esto deja cuantiosas pérdidas en infraestructura, bienes, capital, vidas humanas. Además crea interrupciones y aislamientos de poblaciones, que perjudican la normal comunicación y la movilización. Su habilitación debe ser inmediata.