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Instantáneas electorales: Dadme un TikTok y seré presidente

El Chato Castillo evoluciona del despotismo a la payasada. Guillermo Celi canta thrash metal para conquistar Rock City. Un perrito llena el enorme vacío de la gira de César Montúfar.

César Montúfar, José Bolívar Castillo y Guillermo Celi en sus videos de campaña.
Candidatos. Montúfar, Castillo y Celi encarnan, cada uno a su manera, el espíritu del TikTok. Si los púberes votaran, nadie podría detenerlos.EXPRESO

1. VIAJE DE LA PERRERA AL KINDERGARTEN

La campaña electoral está dejando imágenes inolvidables. La permanente disposición de los candidatos para hacer el ridículo sin atenuantes se ha visto potenciada este año por el advenimiento de un nuevo integrante en la familia de las redes sociales: el TikTok. Considerado como la herramienta digital de la pubertad y la adolescencia, diseñado científicamente para canalizar la explosión hormonal de esas etapas de la vida, el TikTok le ha caído de perlas a más de un candidato, incluido el valetudinario José Bolívar Castillo, ‘el Chato’, aspirante a asambleísta por la provincia de Loja. Los pragmáticos sostienen que esto es campaña con imaginación. De lo que no cabe duda es que estamos ante la infantilización de la política.

El Chato juega a hacer caritas. Un carrusel de emoticones gira a su alrededor, como en una máquina tragamonedas, y se detiene en un gesto que el candidato tiene que imitar. Una tras otra va representando, así, un amplio repertorio de muecas. Días atrás, a José Bolívar Castillo solo se le conocía una: la mueca de comer cemento. En una entrevista que concedió a un canal de televisión lojano, chorreado pantagruélicamente sobre la silla, creyendo que no estaba al aire, se dejó filmar mientras trataba como basura al periodista anfitrión y a los integrantes de su propio equipo de comunicación, a los que llamó “idiotas” e “inútiles”. Horrible el Chato. Agrio. Despótico. Tiranuelo. Solo le faltó ladrar. En el TikTok bien podría hacerlo.

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2. EL RODEO NACIONAL DE UN CACIQUE PROVINCIAL

Sí: la campaña electoral está dejando imágenes inolvidables. Un crispado, greñudo, retorcido y salvaje Guillermo Celi, rodeado de ‘groupies’, vomita una canción durísima en la representación de su más ferviente sueño: ser cantante de thrash metal. Se trata de un montaje para el nuevo video informal y travieso que el candidato a la Presidencia por SUMA, en escrupulosa aplicación del espíritu del TikTok, dedicó a todos los colegiales de la patria. La intención es clara: con el mensaje de “Adiós a la prueba Ser Bachiller” (a la que califica de “prueba matasueños”) pretende embarcarlos desde chiquitos en el rentable planeta de la política populista.

El video parece diseñado para cosechar aplausos en Portoviejo-Rock City. Lo cual nos coloca ante la gran paradoja de la candidatura de Celi, a saber: la necesidad de emprender un rodeo nacional para consolidar un cacicazgo provincial. En su mejor momento, SUMA, su partido, llegó a tener dos plazas importantes: Quito, donde obtuvo la alcaldía para Mauricio Rodas y tres asambleístas, y Manabí, donde se alzó con los municipios de Manta y Portoviejo y un escaño parlamentario, el suyo. Hoy, esos días gloriosos quedaron atrás. La candidatura de Celi parece un desesperado intento por mantener con vida a un partido que no da mucho más de sí. Mantenerlo con vida aun a costa de romper con su mitad quiteña y dividir el bloque que alguna vez hizo una alianza con CREO. Entre Celi y los asambleístas quiteños de SUMA (ya solo quedan dos, último vestigio del partido en la capital) la distancia es tan grande que discrepan en lo básico: ellos votaron contra la censura de María Paula Romo; la alterna de él, a favor. A Celi, pocas cosas podrían importarle menos. Sus objetivos políticos llegan hasta El Carmen.

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3. SEMANAS DE PEDALEO PARA HALLAR UN PERRO

Nada que hacer: la campaña electoral está dejando imágenes inolvidables. Profusamente arropado en el frío paralizante de Chunchi, corazón profundo de la serranía; hundido en un sofá hasta las orejas; con un perrito amarcado (del quichua ‘marcana’: tomar en brazos) como si fuera un guagua fajadito, el candidato presidencial César Montúfar es la viva imagen de una abuelita amorosa. Emotivo mensaje para los animalistas de la patria, sin cuyos votos no se ganan las elecciones. Él lo sabe porque Jorge Yunda lo despachó en las últimas seccionales a punta de besar perritos.

Montúfar lleva semanas recorriendo en bicicleta “los polvorientos caminos de la patria”, como decía el doctor Borja, y el rescate del perrito, atado con alambre de púas en la vía a Zhud, es el único acontecimiento de la gira digno de contarse. La semana anterior hubo un tuit para anunciar que llegaron a Guayaquil. Y ahora, este. Por lo demás, no pasa nada. En el Puerto Principal, encorsetado en sus mallas de ciclista, el candidato asistió a una entrevista con este Diario y juró que pasaría a la segunda vuelta. Será por las multitudes que lo reciben en cada cantón, en cada parroquia. Por cierto, la historia del perrito con su lacrimoso video tuvo 50 retuits. Todo un éxito.

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