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Instantáneas coronavíricas: UNES arrancó su campaña honesta

Hasta personas que quieren llegar a la Presidencia confían en no tener que responder nunca por sus actos. Mientras tanto, los correístas dicen: lo que es de los ecuatorianos es nuestro. Y se lo quedan.

Vide de promoción electoral de Marcela Aguiñaga
Video. Marcela Aguiñaga se hace filmar como si no tuviera glosas.EXPRESO

Cerrando la boca se llega lejos

¿Qué es de Rolando Panchana? El exgobernador correísta del Guayas lleva toda la semana protagonizando notas periodísticas que lo pintan como un derrochador compulsivo de fondos públicos: el hombre que hizo rico a Daniel Salcedo; el que gastó en “eventos” la mitad del presupuesto de un año de la Gobernación, según documentos citados por Teleamazonas; el que, con sueldo de funcionario público, cambió Ceibos Norte por Samborondón en tiempo en récord… ¿No tiene nada que decir sobre lo que se cuenta de él en la TV todas las noches? Panchana capea en silencio el temporal. Suya es la respuesta clásica del héroe político ecuatoriano: ninguna.

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En este país nadie responde de nada. A nadie. Políticos con partido propio y los ojos puestos en el reparto electoral, gente que aspira a la presidencia, parece confiar en que se irá a la tumba, con todo respeto, como Carlos Luis Morales: cargado de secretos. ¿Con cuántos pretende enterrarse Jimmy Jairala? Con 33, por lo menos: es el número de informes con indicios de responsabilidad penal en su contra que emitió la Contraloría y fueron alegremente archivados por la Fiscalía en tiempos de impunidad rampante (año 2013). Esos informes ya no se encuentran ni en las hemerotecas y Jairala no responde. Lo cual no le impide ser un entrevistador popular y respetado, un político con aspiraciones. ¿Para qué va a responder?

Tampoco lo hace su virtual candidata a la presidencia. Marcela Aguiñaga -dijo un tuitero- se hace filmar como si no tuviera glosas, caminando en cámara lenta por los pasillos de la Asamblea en dirección hacia el salón del Pleno, en una toma de épica hollywoodense idéntica a la de ‘Armagedón’, cuando Bruce Willis se dirige a la nave espacial en la que se dispone a salvar el mundo. Solo que Willis no venía de cometer un error de buena fe de 41 millones por la venta trucha de terrenos en Los Samanes. Quiere ser presidenta, Aguiñaga, pero no responde. Es lo que sus seguidores llaman “tener madera de estadista”.

Logotipo de la alianza correísta
Marca país. El correísmo se atribuye la propiedad de un logo pagado con plata pública.EXPRESO

Correa se alza hasta con el logo

Esta semana, el robo del logotipo de la marca país retrató al correísmo de cuerpo entero.

Primero fue el plagio del jingle. Se descubrió el mismo día de su lanzamiento y constituyó un bochorno de proporciones continentales. La Unión por la Esperanza (UNES), alianza electoral del correísmo, organizó un acto especialísimo por Zoom, con la presencia del macho alfa de la tribu desde Bélgica, en el que fue proyectado el videoclip con el que arrancaba la campaña: un producto lacrimógeno clásico, lleno de fantásticas tomas del paisaje natural y humano de la patria, con la música de la canción ‘Color esperanza’, del argentino Diego Torres. No pasaron doce horas antes de que el cantante desautorizara el uso de su canción desde Buenos Aires. El primer producto audiovisual del nuevo movimiento político se fue por el caño. Los involucrados no dijeron esta boca es mía.

Diego Torres

Diego Torres advierte a Fuerza Compromiso Social que no puede usar su canción Color Esperanza

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Ahora resulta que el logotipo de la UNES, presentado ese mismo día junto al jingle, tampoco les pertenece. Se trata, en realidad, de una adecuación del logo que el mismo gobierno de Correa, con plata pública, encargó para representar la marca país y que reprodujo por todos lados. Fue, mientras les duró la teta, un gran negocio ese logotipo. Su uso era obligatorio en cualquier diseño gráfico relacionado con el sector público, recuerdan los diseñadores. Pero para usarlo, tenían que pagar derechos a sus “creativos”. Muy creativa manera de llenarse los bolsillos. Era el Ecuador de los hermanos Alvarado.

Oswaldo Ramón, funcionario del Ministerio de Turismo, decidió escribir un oficio a la UNES, conminándoles a que suspendan el uso de un logotipo que no les pertenece, lo mismo que hizo Diego Torres con su canción. Pero en lugar de bajar la cabeza y apechugar, como les correspondía, los piratas respondieron, alebrestados. Que sí les pertenece, dijeron, porque “pertenece a todos los ecuatorianos”. Así que lo seguirán usando. Esta declaración es simplemente maravillosa, pues lo explica todo. Incluso podría funcionar como la famosa confesión de parte que releva toda necesidad de prueba.