Instantáneas coronavíricas: Una máquina para contar billetes

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Instantáneas coronavíricas: Una máquina para contar billetes

El abogado de Daniel Salcedo declara orate a su cliente El asambleísta Daniel Mendoza reparte desprecio y bendiciones El primer poder del Estado se roba una calle de la ciudad

Luigi García en su despacho
Abogado. Atras, el contador de billetes, imprescindible para practicar la ley.EXPRESO

Luigi Lex y Danielito el delirante

Microcuento al estilo de Augusto Monterroso: “Cuando el contratista acusado de corrupción despertó, el abogado ya estaba allí”.

Hombre de los Bucaram por más de veinte años, abogado de Abdalá, asambleísta alterno de Fuerza Ecuador por al menos dos períodos (lo sigue siendo pero ahora tiene su propio movimiento en Manabí y se encuentra en proceso de recolección de firmas, con los ojos puestos en 2021), Luigi García figura en su página de Facebook como “político”, aunque ha elegido para su avatar un nombre de inspiración tinterillesca: “Luigi Lex”.

Abogado de causas nobles, defendió a dos policías del caso Fybeca, defendió el golpe de Estado en la Ecuafútbol, defendió a Washington Prado, alias Gerald, narcotraficante detenido en Estados Unidos, uno de los pocos delincuentes ecuatorianos que cuenta con su propia entrada en la Wikipedia, donde consta como ‘El Pablo Escobar ecuatoriano’, y a quien luego acusó de haber tejido con José Serrano una trama para asesinarlo. Ahora defiende a Daniel Salcedo.

El día en que este despertó en el hospital donde permanece bajo resguardo policial, Luigi Lex recibió a los canales de televisión en su despacho: bandera del Ecuador, crucifijo de la Escuela Quiteña, enciclopedias probablemente compradas por metros y un detalle que las cámaras no pasaron por alto: atrás, en el anaquel más bajo, al mismo nivel de la Monitor de Salvat, una máquina de contar billetes, equipo indispensable en un estudio jurídico de su nivel.

Salcedo “está dispuesto a cooperar con la Fiscalía siempre y cuando la Fiscalía también coopere”, fueron sus primeras declaraciones. Parece que la Fiscalía no coopera porque súbitamente Salcedo perdió la razón. “Tiene períodos de lucidez y de confusión. Y esos delirios se remontan al año 2016”, explicó Luigi García dos días más tarde. Es decir que Salcedo cree estar en 2016 (bien podría contar cómo se hico rico durante el correísmo). “Está en etapa de delirios”, despacha el abogado sin que se le mueva un músculo de la cara. Que nadie diga que Luigi Lex no hace su trabajo.

abogado salcedo

Daniel Salcedo tiene "delirios" que lo remontan a 2016, según su abogado

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Daniel Mendoza compareció a la comisión de la Asamblea que lo investiga
Comisión. Daniel Mendoza trató a sus colegas como al perro.EXPRESO

Adiós al joven que se atrevió a soñar

A la Asamblea Nacional ya no la respetan ni sus propios miembros. Hasta Daniel Mendoza, probablemente el peor de ellos, se da el lujo de tratar al primer poder del Estado como al perro. El otro día asistió a una sesión de la comisión que lo investiga con el único propósito de expresar el infinito desprecio que siente por sus miembros. Los llamó vanidosos, sensacionalistas, politiqueros sin propuestas. Los trató, básicamente, como a imbéciles. Les dijo que representaban a un sistema roto y podrido del cual él, “joven que se atrevió a soñar”, no era sino una víctima, un “daño colateral”. Para terminar, no es que les presentó su renuncia: se la botó en la cara.

Los diez minutos que habló Mendoza son dignos de figurar en la antología del caradurismo criollo. Empezó citando “La Palabra”, muy a su manera: “Por sus frutos os reconoceréis”, balbució. ¿Qué creerá que quiere decir eso? Habló juntando las manos, como hombre de fe, haciendo pucheritos, apretando los labios en señal de aceptación piadosa, irguiéndose de pronto hasta las alturas morales desde las que contempla a esa cuerda de gusanos pecadores que lo juzgan y que no le llegan ni a las rodillas.

“¿Qué les hace creer que me interesa defenderme de lo que ustedes infundada y maliciosamente me acusan?”, les preguntó, sacándoselos de encima. El incremento patrimonial injustificado que se detectó en sus cuentas no es, por supuesto, sino una “omisión involuntaria”. O sea que en su declaración juramentada de bienes se le olvidó incluir una casa. O el crédito para pagar la casa, lo que fuera. La denuncia en su contra le ha “permitido identificar”, al revisar la declaración juramentada “en detalle, con detenimiento”, este error ínfimo que se le pasa a cualquiera.

¿Qué hacer ante tanta incomprensión? Renunciar, claro. Con “el mayor sentido patriótico”. Porque “el cambio que el Ecuador necesita no se conseguirá siendo parte del sistema”. Porque “renunciar también es liderar”. Porque “no se trata de liderar siempre desde el frente”. “Dios proteja al Ecuador”. Amén. Con esas palabras termina la carrera política del joven que se atrevió a soñar. Ahora, a liderar desde la cárcel.

Daniel Mendoza

Daniel Mendoza dejó el cargo de asambleísta

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Asamblea Nacional, vista desde el satélite
Asamblea. Un edificio en medio de un mar de parqueaderos.EXPRESO

La ilimitada avidez automotriz de la Asamblea

Seguramente la Asamblea Nacional (esta, la más desprestigiada de nuestra historia) no representa a los ecuatorianos de la mejor manera. Pero sí que los expresa con exactitud. La obsesión por los carros gigantescos, por ejemplo, propia de un país con la gasolina subsidiada, encuentra en esta élite llena de privilegios su tan ansiada posibilidad de realización. El desprecio por el espacio público a la hora de parquear el carrotote en la vereda también alcanza aquí su expresión máxima. Este fin de semana, un meme que circuló en las redes sociales mostraba el edificio de la Asamblea en medio de una enorme, infinita, oceánica playa de estacionamiento llena de grandes autos de lujo ocupando miles de espacios marcados para uso exclusivo de personas con discapacidad. Exceptuando este último detalle, la imagen de la sede legislativa entre un mar de autos es bastante aproximada a la realidad.

Tan acostumbrados están los quiteños a los atropellos urbanísticos y al irrespeto del espacio público que a nadie le pareció fuera de lo normal que la Asamblea se apropiara arbitrariamente de un tramo de la avenida 6 de Diciembre para construir su gigantesco parqueadero. Nadie se quejó. Nadie lo ha mencionado siquiera. Se trata de aquel segmento de avenida que conectaba los parques de La Alameda y El Ejido, a cuatro cuadras uno del otro. El proyecto original de renovación de la sede legislativa, planteado por el entonces presidente Fernando Cordero, contemplaba la demolición del ruinoso y horrendo edificio aledaño de los juzgados, para construir en su lugar un moderno complejo de oficinas (que buena falta le hace a la Asamblea), y una envolvente zona verde con un gran parque en medio de una ruta arbolada entre El Ejido y La Alameda. Un gran paseo. Lindo.

A nadie le extrañó que durante la presidencia de Gabriela Rivadeneira se acabara la plata. El edificio de los juzgados se derrocó, el nuevo complejo de oficinas nunca se construyó, ningún árbol fue plantado (al contrario, se tumbaron algunos), se cercó toda la zona (incluyendo un tramo de la vía pública) y se encementó una gran superficie a la medida de la avidez automotriz de los asambleístas que, como quedó demostrado en estos días, no conoce escrúpulos. Hoy todo es un enorme parqueadero. Parece mentira: la Asamblea tiene más parqueaderos que oficinas.

La obra se entregó durante la legislatura de Elizabeth Cabezas (caramba, qué coincidencia), quien se jactaba de la peatonalización de una calle secundaria que no conduce a ningún lado. El resultado de la obra es que ya no se puede caminar entre La Alameda y El Ejido sin dar un fatigoso y absurdo rodeo. En homenaje sus propios carros, la Asamblea Nacional echó a los peatones por un caño.

Andrea Samaniego, de Teleamazonas, entrevista a Fabricio Villamar

Instantáneas coronavíricas: No es discapacidad, es angurria

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