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Instantáneas coronavíricas: Dos versiones de la posverdad

Abdalá Bucaram no para de delirar, pero se le siguen tendiendo los micrófonos. Jorge Yunda no ha dicho una palabra de verdad al respecto del lío de las pruebas contra la COVID

Abdalá Bucaram: colocación del grillete electrónico
Grillete. Abdalá Bucaram se enorgullece de llevar un objeto infamante.Cortesía

Estos siguen pasando de agache

Orgullosísimo posó para las cámaras mientras le ponían la tobillera electrónica que ordenaron los jueces: relajado en la silla, el barbijo en el cogote, de oreja a oreja la sonrisa, las manos levantadas con los pulgares en alto… Para Abdalá Bucaram todo esto es una condecoración. Y sí: un camión de medicinas en cajas de cartón encontró la Policía cuando allanó su domicilio, de esas mismas medicinas que se vendían con sobreprecio a los hospitales públicos en plena época de emergencia sanitaria, pruebas para la COVID incluidas. Y al hombre lo procesan por tener una pistola sin registro. ¿Quién, en su lugar, no se mataría de la risa? Una simple pistola, vaya gracia. Lucio Gutiérrez se banderea en las redes con una bazuka y nadie dice nada.

A este paso, a los Bucaram habrá que clavarles el mote de “los bien librados”. Lo de Abdalá es nada comparado con lo de Jacobito, el primogénito. Más no podían implicarlo en el caso de tráfico de medicinas los dos falsos agentes de la DEA, un israelí y un australiano, detenidos en Santa Elena con cajas de insumos médicos en su poder y 300 mil dólares en efectivo. ¿De dónde sacaron esa plata? Se la dio Jacobito, declaran por separado, a cambio de la entrega de 20 mil cajas de medicina. ¿Dónde ocurrió esa transacción? En la casa de papá, el que estrena grillete nuevo y le fascina: ambos testimonios identifican el lugar. Que en sus teléfonos celulares (hoy en poder de la Policía) está archivado el video de la entrega, declararon los extranjeros. Pero la fiscal Cecilia Peña Merino ni ordenó el peritaje del aparato ni vinculó al angelito ni insistió en llamarlo a declarar (tenía que ir y no fue) ni movió un dedo en contra de familia tan preclara, tan patriótica que hasta cuando les cogen con las manos en la masa gritan viva-la-patria. Y la instrucción fiscal ya concluyó, de modo que cualquier reclamación cae en el vacío.

Ahí va Bucaram al centro de detención provisional para que le pongan el grillete. Y aunque nadie espera que de su boca salga una sombra de verdad, todos los micrófonos se le tienden con reverencia. ¿Para qué? Para que cante las bondades de Daniel Salcedo, socio de Jacobito en el negocio del hospital, perdón, del restaurante, como dijo su hermano Dalo sacudiéndose el lapsus con un encogimiento de hombros y una mueca. “Un hombre íntegro -vocifera Abdalá sobre Salcedo-, un muchacho empresario joven, que ha triunfado en su vida lentamente, ha ido desde abajo”. Lentamente, sí. Un millón y medio de dólares le soltaron los correístas (el gobernador Rolando Panchana a la cabeza) por organizar unas charlas. Él tenía... ¿qué? ¿22, 23 años? A eso llama Bucaram empezar desde abajo. Para él, claro, deben ser minucias. 

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Jorge Yunda promociona el turismo por los bosques del noroccidente de Quito
Promoción. Jorge Yunda quiere que los quiteños hagan turismo, pero no es capaz de garantizarles nada.EXPRESO

Pruebas chimbas, informes chimbos

En la guerra contra el coronavirus, Quito vive su peor momento desde que comenzó la emergencia sanitaria. Los casos se multiplican y los hospitales no dan abasto, pero el alcalde Jorge Yunda, incapaz de garantizar un mínimo cerco epidemiológico en la ciudad a su cargo, ya quiere que la gente salga a hacer turismo. Se hace filmar en los bosques húmedos subtropicales del noroccidente y ensaya un atractivo eslogan: “Quito, tierra de osos”. Simpática promoción para una ciudad que lleva varias semanas concentrada en otra especie zoológica: las ratas, que venden menos pero ganan más.

Que Yunda debería estar preso dijo a 4 pelagatos el excandidato a la Alcaldía de Quito César Montúfar. Él ya llevó a los tribunales el caso de la empresa Geinco y la triangulación de contratos de obra pública municipal que terminan beneficiando siempre a los amigos del club de ecuavóley del alcalde. Ahora habla de fraude en el contrato de compra de las pruebas para la COVID. Y la verdad es que todo lo que ha dicho y hecho el mismo alcalde conduce a la misma conclusión: hubo fraude. Dijo Yunda que pidió pruebas PCR y le mandaron de otro tipo. Luego pidió reembolsos e hizo devoluciones, como si en efecto los proveedores hubieran incumplido el contrato, pero jamás aplicó las garantías.

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Yunda defiende cuestionadas pruebas compradas por su municipio: "No son chimbas, tienen su utilidad"

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Pero eso es lo de menos. El problema de las pruebas de Yunda es mucho peor que la probable corrupción de su contrato. Es peor, incluso, que la inminente caducidad que las amenaza. El problema de las pruebas de Yunda es que son, para utilizar una palabra que lo irrita pero no ha podido desvirtuar, chimbas. No han servido para establecer un cerco epidemiológico en la ciudad y siguen dando falsos negativos incluso en las mismas filas de los funcionarios municipales.

Ahora resulta que el informe de la Korean Testing Certification (KTC), el informe que la semana anterior Yunda esgrimió como la prueba definitiva de que sus test sí tienen una alta sensibilidad y sirven, por tanto, para establecer un cerco epidemiológico, es también un informe chimbo: se hizo a partir del análisis de unas pruebas diferentes a aquellas que compró Yunda.

Chimbas las pruebas, chimbo el informe sobre la validez de las pruebas, chimbo el cerco epidemiológico que pretendía hacer el alcalde, chimbo el alcalde: no ha dicho una verdad, ni una sola, sobre este problema del que depende la salud de los quiteños.