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Instantáneas coronavíricas - Los curuchupas son carne de meme

Los que se oponen al Código de Salud por motivos religiosos evitan citar su texto. Uno de ellos, Guillermo Lasso, se da el lujo de ahuyentar votantes y mira el futuro con indiferencia.

Meme de asambleísta Esteban Torres
Meme. Así fue la respuesta de Twitter al video del socialcristiano.EXPRESO

Esteban Torres, desde la cripta

El último video de Esteban Torres parece directamente extraído de Los Cuentos de la Cripta para insertarse en un contexto insólito. Penumbra, atmósfera lóbrega y velada, una paleta de colores que va del más oscuro de los azules al más profundo de los negros, rota solamente por el rostro enjuto del asambleísta, cuya palidez cadavérica acentúa un reflector de luz intensa. Torres habla rígido, hierático, admonitorio… Si sus críticos lo identifican con un Torquemada que tortura chicas núbiles en oscuros calabozos hasta arrancarles la confesión de sus pecados, él se da el gusto de otorgarles la razón, haciendo alarde estético de su ideología ultramontana. Finalmente, el socialcristiano lo logró: se convirtió en carne de meme.

El video de Torres es la apoteosis del curioso debate que se desarrolla en las redes sociales desde el pasado 25 de agosto, cuando el Pleno de la Asamblea aprobó un nuevo Código de la Salud que obliga a los médicos a atender como emergencia obstétrica cualquier tipo de aborto en curso. Intervienen los más jóvenes asambleístas de la República: en contra de la ley, Torres y el aún más curuchupa y recalcitrante Héctor Yépez, de CREO; a favor, el liberal Sebastián Palacios, de SUMA.

Entre uno y otros hay, aparte de las obvias, una diferencia significativa. Cuando Palacios defiende la ley, se preocupa por traer siempre su texto a colación: si no la lee, la cita de memoria. Yépez y Torres, en cambio (lo mismo que el padre de este último, Luis Fernando, que le legó las obsesiones y el escaño), despotrican contra un texto que evitan citar. Ventajosa estrategia que les permite atribuir a la ley demonios que no tiene.

Dice Luis Fernando Torres que se aprobó “el cambio de sexo en la pubertad”. Yépez, que se autorizó el aborto. Esteban Torres, que se terminó “de un vez por todas con el Estado de derecho”. Nunca leen el artículo que sustente sus críticas, quizá porque no existe ninguno que autorice el cambio de sexo en la pubertad, apruebe el aborto o imponga una dictadura en la República. De modo que el debate, tal como lo proponen ellos, resulta impracticable. Pesa más el lóbrego ambiente de un oscuro calabozo (o lo que fuera) que la luminosa razón de los argumentos, por lo demás inexistentes,

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Lasso sueña con ser el mal menor

Sí, le sorprendió: el ultramontano Héctor Yépez esperaba una candidatura de su partido, CREO. En una entrevista radial de hace un par de semanas, en Quito, admitió la extrañeza que le produjo verse excluido de las listas y se reservó su postura frente a las presidenciales. Eso, claro, fue antes de que Álvaro Noboa y Otto Sonnenholzner renunciaran a sus candidaturas: la suerte de Guillermo Lasso era incierta y le convenía hacer guiños al electorado. Privar de su candidatura a Yépez, el más recalcitrante de sus cruzados, fue un gesto bien recibido por los liberales de verdad. Pero una vez que Noboa y Sonnenholzner desaparecieron del mapa y él se quedó en la cancha solo y exultante, ya no necesita tender puentes. Ya no le tiembla la mano a la hora de escribir un comunicado (contra el Código de Salud) que Yépez firmaría encantado. Probablemente lo eche de menos entre sus candidatos.

A Guillermo Lasso (como a Yépez) le parece mal que un aborto en desarrollo sea considerado emergencia obstétrica, como prescribe el nuevo Código. Dice que ese artículo (el 201), que él (como Yépez) se cuida mucho de citar, “abre espacio para la impunidad del crimen del aborto”. Ya no necesita Lasso los votos de los criminales o quizá aspira a convertirse, para todos ellos, en el mal menor. Ese fue, precisamente, el tema del debate que su postura sobre el Código de Salud desató en las redes: el mal menor.

Muchos votos perdió Lasso este fin de semana. Sobre todo entre los menores de 40 años. Cierto es que los tiernísimos Yépez y Esteban Torres aseguran a quien quiera creerles que no todos los jóvenes tienen valores liberales. Ellos son el vivo ejemplo. Pero la verdad estadística dice otra cosa: el académico de la Universidad San Francisco Arturo Moscoso la recordó exhibiendo las cifras del Barómetro de las Américas. Son inapelables: esos valores liberales contra los que lucha denodadamente Lasso junto con jóvenes que, por su forma de pensar, bien podrían ser sus padres, son mayoritarios entre los millennials y casi exclusivos entre los centennials, que quizá no voten en esta elección pero sí en la próxima. Convertido en mal menor, Lasso conserva sus posibilidades de ganar en 2021, pese a su fundamentalismo católico. Pero en 2025 lo echarán a patadas. Con él hay una certeza: el futuro no lo quiere ni en pintura.

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