
Indigenas desfilaron en honor a Pilahuin
Dieciocho comunidades indígenas salieron a las calles. Se conmemoró los 156 años de parroquialización en Tungurahua
Manuel Sisa y Francisco Quinatoa encabezan la ceremonia. Manuel de 78 años lleva entre sus manos la flauta y Francisco de 85, el redoblante. Este último elaborado con cuero de borrego. Los dos son los “taitas” de Pilahuín, considerados los sabios que a través de la música piden permiso a la Pachamama y al Inti (Sol) para empezar con el primer programa por los 156 años de parroquialización de Pilahuín, una de las más antiguas de Ambato, Tungurahua.
Los dos sabios no paran de entonar. Lo hacen con mucha serenidad, ni los aplausos de los asistentes los perturban. “Nuestros abuelos siempre decían que para todo hay que pedir permiso a la Pachamama (tierra). Nosotros lo hacemos con la música”, manifestó Manuel.
El paso es apresurado pues el trayecto es largo. En el sector de Palusha se congregan representantes de las 18 comunidades de la parroquia que van a afianzar el amor por sus raíces mediante las danzas en el desfile intercultural que se realizó el pasado sábado. El recorrido culmina en el centro de Pilahuín a unos 40 minutos a pie.
Cada una de las delegaciones mostraba lo mejor de su danza y música con los grupos que entonaban los instrumentos ancestrales.
Los representantes indígenas lucieron sus trajes tradicionales, las mujeres con sus anacos, blusas bordadas y las chalinas; mientras los hombres con sus ponchos de colores donde predominaba el rojo, sombrero blanco y también negro.
La delegación de Pucará Grande fue con grupo musical. Tres jóvenes: dos hombres y una mujer, entonaban el pingullo, panderetas y la guitarra, detrás de ellos danzaban los jóvenes al ritmo de la sinfonía.
“El ritmo de los instrumentos traen la buena nueva a la Pachamama”, dijo José Toaquiza, integrante de la delegación.
Sobre un carruaje decorado con los productos agrícolas de la zona, como la mashua, mellocos rojos y amarillos iba Patricia Curillo, ñusta de la comunidad.
Las delegaciones iban en columnas y cada una vestía de acuerdo a las danzas que representaban, pero mostrando su identidad cultural. La ñusta de Echaleche, Pacha Llanganates, saludaba en su trayecto y regalaba dulces y frutas a su paso.
Agustín Guallco mencionó que el pueblo de Pilahuín es descendiente del Jatun Ayllu Tomabela, grupo étnico perteneciente a los chimbos, pueblo que ocupó los dos lados de la cordillera occidental de los Andes, al pie del nevado Chimborazo y Carihuayrazo, en época de la colonia. Dice que el nombre se derivó de un grupo de personas de apellido Pilamunga que formaron parte de los primeros pobladores.
Las actividades por el aniversario de parroquialización culminan el martes con el desfile cívico y sesión solemne. “En el pueblo pese a ser la gran cantidad de indígenas tratamos de reintegrarnos con todos para que se mantenga el amor por la cultura ancestral”, aseguró Guallco.
(F)
Desde el Páramo
Recorrido intercultural
El desfile intercultural culminó pasadas las 17:00. El frío de los 3.200 metros no fue impedimento para que la gente saliera desde diferentes rincones del páramo a festejar el inicio de las festividades que buscan rescatar y promover sus raíces ancestrales. Agustín Gualco, vicepresidente del Gobierno Parroquial, mencionó que en el desfile participan las organizaciones y las comunidades para mostrar su cultura. Sostuvo que estas actividades son para afianzar ese amor a las raíces ancestrales y por eso también se hizo la feria agroartesanal donde los productores expusieron cada uno de los productos que se cultivan en la zona y las artesanías que elaboran con materiales típicos. En una pequeña mesa y con una carpa, Carmen Sisa, mostraba cada uno de los productos que en las tierras de Pilahuín se cultivan.