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Un imperativo rearme etico

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Resulta absolutamente ingrato escribir sobre la magnitud de la corrupción que inunda la República, pero hacerlo deviene en imprescindible para impedir que los atentados contra la ética adquieran la condición de una segunda naturaleza nacional, sostenida por la impunidad.

No se trata únicamente del tristemente célebre caso Odebrecht y sus múltiples relaciones colaterales. Bien se ha dicho que lo ocurrido con la constructora brasileña es apenas un pálido reflejo comparado con la corrupción petrolera, que también en múltiples modalidades asoló el patrimonio público. Ahora se sabe que más allá de la repotenciación de la refinería de Esmeraldas, o la fallida construcción de la refinería del Pacífico, ambas con cuantiosos sobreprecios, las acciones delincuenciales de mayor volumen se dieron en las contrataciones de venta de crudo, que causaron perjuicios al país “en sumas multimillonarias”, al decir del fiscal general de la nación, en reciente entrevista a diario EXPRESO.

Sin duda, sumando investigaciones que están por realizarse en relación a graves indicios de corrupción, el hecho cierto es que día a día se convalida la expresión presidencial que recoge en tiempo presente una del pasado: “donde se toca salta pus”.

Ello, que de por sí abochorna al Ecuador, se convierte en sensación intolerable si se le agrega certeza de impunidad.

Por eso, con pleno respaldo ciudadano, las autoridades de control, Asamblea Nacional incluida, deberían de extremar su rol fiscalizador bajo el riesgo de que la corrupción se extienda a todas las esferas del acontecer nacional.

El mal ejemplo que parte desde los más altos poderes del Estado, llamando acuerdo entre privados a las asociaciones para delinquir o propinitas a las coimas, ha contaminado lamentablemente incluso al sector educativo, que ahora permite a los estudiantes buscar calificaciones fraudulentas a partir del conocimiento previo de las preguntas de los exámenes a que se someten quienes aspiran al bachillerato internacional.

Si ya desalentaba el comportamiento de ciertos profesores que se atrevieron a faltar, de diversas y aberrantes maneras, el respeto a sus alumnos, ahora apena que estos asuman las prácticas corruptas que se supo fueron parte del avance académico de algunos dirigentes del país.

Clama un pronto rearme ético.

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