Actualidad
Las ilusiones que estamos perdiendo
¿Qué decir frente a un dolor nuevo e hiriente como el que nos golpea por la tragedia ocurrida en Barcelona si, para dar cuenta de semejante monstruosidad, solo parece haber a disposición las mismas palabras y hasta los mismos lugares comunes? Imposible agotar en la evocación los mil y un rostros, afectos, expresiones, imágenes de cada uno de los que murieron súbitamente y que hacía de ese tesoro de memorias congeladas su individualidad como personas. Cada caso, el del papá italiano de 35 años que muere al lado de su esposa e hijos en unas vacaciones que dejarán para siempre una mancha oscura, incurable en sus familiares, es para el silencio y el abatimiento. ¿Cómo pudo pasar? Como la canción de Prévert, compuesta en el año sombrío de 1945 cuando Europa y buena parte del mundo eran un cementerio humeante: “Pero la vida separa a aquellos que se aman/suavemente, sin hacer ruido/ y el mar borra de la arena/ las huellas de los amantes desunidos”.
Occidente, y nosotros que participamos bien o mal de su cultura, se ha acostumbrado desde los años noventa a tener ilusiones sin medida sobre el futuro. A exorcizar la muerte mediante el diluvio de las satisfacciones inmediatas. A confiar en que todas las preguntas siempre tienen respuestas. Y a que poco a poco, el mundo, incluido ese Oriente Medio y las repúblicas africanas, se transformará, gracias al ímpetu de la galaxia internet, en una especie de nueva e ideal república platónica, a imagen y semejanza de nuestras ilusiones. “En aquellos/ momentos la vida/era más bella/y el sol brillaba más que ahora”.
Por supuesto que es políticamente correcto y necesario enarbolar la bandera del coraje. Decir que la muerte de tanto inocente no ha sido en vano y que no será olvidado. Tomar medidas que reduzcan al mínimo la acción de estos criminales. Los familiares se preguntarán, sin embargo, cuando recuerden su voz y sus pasos, por qué él o ella tuvo que estar en esa lista de héroes anónimos.
Y sin embargo, no dejarán de musitar en voz baja, entre lágrimas: “Como ves, no he olvidado/ la canción que/solías cantarme”.