La hora negra de los arbitros

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La hora negra de los arbitros

Tras ese intento de agresión que sufrieron los árbitros ecuatorianos en Argentina, volvemos al viejo tema de que nadie debe esperar a que el fútbol sea de color blanco cuando los encargados de hacer justicia en la cancha son elegidos por hombres amantes de la egolatría, el exitismo y el histrionismo.

De mis tiempos mozos recuerdo que el fútbol guayaquileño no tenía muchos árbitros, pero había uno que era favorito de la prensa, dirigentes y público en general, sobre todo cuando se realizaban cotejos internacionales, y el escogido siempre era el experimentado Rafael Guerrero Parker (+).

Hace poco los árbitros que luchan por mejor paga en este país vivieron toda una noche negra en Buenos Aires. En este lugar caldeado por gritos de la tribuna enardecida sufrieron vejámenes por una supuesta mala interpretación del reglamento, cuando uruguayos y argentinos disputaban un candente cotejo por Copa Libertadores de América.

Es una lástima que los jueces sudamericanos continúen soportando todo tipo de maltratos e impotencia por la inveterada costumbre de ciertos engreídos de la crítica bonaerense, que en vez de mostrar que juegan fútbol, se convierten en vulgares actores de potrero.

Antes que nada, que quede claro, nuestra posición será siempre neutral tratándose de situaciones que vayan contra la moral de las personas y el buen espectáculo que debería brillar en los escenarios. Sin embargo, debemos decirlo con franqueza: los árbitros de la región siguen siendo víctimas de la mediocridad, pues para poder ejercer su profesión, a veces hasta callan para no ser objetos de represalias en el interior de los máximos organismos del fútbol sudamericano. Algunos tienen incluso miedo de poner en práctica los poderes que brinda la ley, y prefieren hacerle el juego a “reglamentos domésticos” que les impone el medio ambiente, porque a muchos más les interesa durar en sus puestos.

Si en la Ecuafútbol hubiera alguien que quiera exigir justicia dentro de la Conmebol, no deben perder más tiempo para que reparen este momento trágico de los árbitros ecuatorianos.