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Un hombre de conviccion

Durante dos años integré las filas del Ejército de los Estados Unidos. Una noche fría de febrero 1960 me ofrecí de voluntario para acudir a un accidente, permanecí allí toda la noche con un intenso frio y lluvia. Como almorcé un poco tarde, el oficial de mi compañía, me esperaba. Él me acompañó en la mesa y me agradeció por ir a la emergencia y le contesté que era mi obligación. Me pidió que al día siguiente fuera a su oficina. Allí me sorprendió con mi ascenso de grado y me ofreció ayuda para obtener la ciudadanía americana. Le agradecí y no la acepté porque amaba mucho a mi patria. Me dijo: “Eres un hombre de convicción”. Al términar los dos años de servicio regresé al Ecuador.

Héctor García Rivera