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Diario Expreso Ecuador

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Un hogar con 125 anos y 320 historias

Cambiaron su domicilio sin arrepentimiento. Sin temor a equivocarse y con la finalidad de sentirse más cerca de Dios.

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Cambiaron su domicilio sin arrepentimiento. Sin temor a equivocarse y con la finalidad de sentirse más cerca de Dios. Violeta Iturralde Puig, una reconocida poeta de 92 años, y su esposo Luis Orrantia Wright, ingeniero civil y empresario, uno de los mejores (y más importantes) de la ciudad, se despidieron de la que fue su casa en Samborondón hace casi tres años y se refugiaron en el Hogar del Corazón de Jesús.

Violeta padece del síndrome de sensibilidad química múltiple. Un mal que le impide usar cosméticos, perfumes o estar en contacto con la tecnología y equipos tan básicos como la televisión y la radio. Cuando visitó la residencia, que hoy cumple 125 años, asegura que se conmovió con lo que encontró. “Vimos gente jugando, riendo, cantando. Vimos adultos rumbo a una excursión. Vimos gente coreando en las iglesias. Habitaciones alejadas del ruido. Y entonces me dije: Debo estar aquí”.

Luis, con quien tiene 5 hijos, 13 nietos y 23 bisnietos, su compañero de fórmula desde hace 73 años, aceptó sin renegar. “Tengo 101 años, he vivido con ella una y mil aventuras”. Esta, la de vivir en un asilo, sin embargo, la describe como la mejor.

No solo porque en esa casa (que en un inicio, allá por 1892, acogió a indigentes y adultos mayores que vivían en las calles) la pareja asiste cada mañana a la capilla, su área preferida y la que aún guarda vitrales de origen francés con los que fue edificada (1967); sino porque cada vez que pueden visitar los jardines o ser partícipes de los talleres, intercambian anécdotas con sus 320 amigos. Todos vecinos, residentes que habitan en los 12 pabellones, en las 120 habitaciones de la institución.

Eduardo Romero, inspector del hogar, no tiene registrado el número oficial de adultos que a lo largo de este siglo (y más) han pasado por allí. No obstante, tiene grabadas en su memoria fechas: de las veces que el sitio fue intervenido para cambiar su estructura de madera por la de cemento; rostros, de futbolistas y políticos que han sido sus huéspedes y de los que, por respeto, prefiere omitir sus nombres; e historias, infinitas historias.

Algunas tan divertidas como las de Manuel Torres, Simón Bolívar y Alberto Fuentes, que cada mañana, por ley, organizan un torneo de rummy en el que solo compiten, apuestan y ganan o pierden los tres: no hay más participantes. O tan inspiradoras como las de Édison Vitores, quien luego de haber aprendido a usar la computadora en el centro, a sus 70 años, logró encontrar a 4 de sus 6 hijos en las redes sociales.

“Ahora tengo contacto con todos. Me siento útil, participo de bingos y he aprendido a usar equipos que pensé jamás manejaría. Llevo una vida ordenada, he fortalecido también mi espiritualidad”, dice con solemnidad.

A diario el Hogar del Corazón de Jesús realiza actividades recreativas y de rehabilitación para los residentes. “Nuestro personal les organiza una farra por semana”, dice entre risas Romero. “Preparamos ferias y los motivamos a sentirse ágiles, a través del yoga, la gerontogimnasia, el teatro, el karaoke, la lectura”.

En su habitación, ubicada en el pabellón Enrique Maulme Barrat, del área de pensionado, Violeta y Luis, por ejemplo, disfrutan por las tardes de esta última. Sobre todo ella, exdirectora del Museo Arqueológico del Banco del Pacífico y del Nahim Isaías, a diario lee periódicos, libros de autores locales, crónicas y literatura clásica en inglés.

“Es lo que siempre me ha gustado, disfruto tanto de la cultura y el arte”. Por eso su familia los lleva cada semana a muestras y exhibiciones, especialmente en Las Peñas, el lugar donde se casaron y asentaron por décadas.

Hoy durante la conmemoración de la institución, construida con una donación inicial de 40.000 sucres, los esposos saldrán a caminar por el parque. Quieren guardar fuerzas para mañana que están de aniversario. “Vamos a celebrar el amor que nos tenemos. El ‘aguante’, la amistad. Las maravillas experimentadas juntos”.

A la fecha, el 70 % de asilados requiere de asistencia total. Todos tienen acceso a tres comidas diarias, servicio de lavandería, medicinas y atención personalizada de enfermeras.

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