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Diario Expreso Ecuador

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Historia britanica del “brexit”

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Desde el 23 de junio de 2016, cuando el 52 % de votantes británicos respaldó el retiro de la UE, el debate sobre el “brexit” ha venido desgarrando a la política británica. El entonces primer ministro D. Cameron, que esperaba un voto a favor de quedarse, había prometido hacer honor al resultado. El Reino Unido, que se sumó tarde a la UE, será el primer Estado miembro en abandonarla, en marzo de 2019. Los que votaron por quedarse alternan entre echarle la culpa a Cameron por su imprudencia al llevar a cabo el referendo y su incompetencia para manejarlo, y castigar a los partidarios del “brexit” por apabullar a los votantes con mentiras. El voto por el “brexit” se ve como parte de una revuelta de campesinos transatlánticos. Ambas explicaciones ignoran las raíces británicas del “brexit”: el RU se había enfrentado solo a una Europa continental dominada por Hitler en 1940. Más tarde Margaret Thatcher expresó un sentimiento británico común con su estilo habitual: “¿Ve?” “Nosotros vamos de visita y ellos están allí”. A pesar de la intención manifiesta del ex primer ministro Tony Blair, el RU nunca estuvo “en el corazón de Europa”: En sus 42 años en la UE, los británicos siempre han sido un socio incómodo y euroescéptico. La aprobación de la pertenencia estuvo solo por encima del 50 %, y en 2010 caía a menos del 30 %. Un referendo en aquel entonces habría resultado en una mayoría importante a favor del retiro. El RU no firmó el Tratado de Roma (1957) con sus miembros de la UE -Alemania, Francia, Italia, Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo- en la Comunidad Económica Europea (CEE). Fiel a su política tradicional de divide y reinarás, en 1960 organizó la Asociación Europea de Libre Comercio como contrapeso. Mas el RU se estancó, mientras que la CEE prosperaba, y el RU terminó solicitando el ingreso en 1963. Su motivación era evitar el arancel externo de la CEE, sumándose a una zona de libre comercio más dinámica. El presidente francés Charles de Gaulle vetó la solicitud de incorporación al considerar al RU un caballo de Troya norteamericano. Quienes están a favor de quedarse en la UE olvidan que cuando el RU votó en 1975 para seguir siendo un miembro de la CEE, el referendo se basó en la mentira de que la membresía no tenía implicancias políticas. Los fundadores de la UE consideraban que una unión económica cada vez más profunda consolidaba una unión política. En 2008-9 se demostró que una moneda común sin un gobierno común no puede prosperar. Tras la decisión del “brexit”, la sucesora de Cameron, Theresa May, ha quedado atrapada entre las demandas de los defensores del “brexit” (ejercer el “control de nuestras fronteras”), y los miedos de los defensores de quedarse por las consecuencias económicas y políticas de irse. May espera que se produzca una salida de la UE en la que el RU conserve los beneficios, una “asociación” que lo deje dentro de la zona de aranceles externos de la UE, sin cerrar acuerdos de libre comercio con los demás. El mercado único de servicios sería reemplazado por un acuerdo especial para clientes de la UE de un acceso irrestricto a los servicios financieros de Londres y un nuevo “marco para la movilidad”. Preocupa la pérdida de la posibilidad de que el RU ayude a forjar el futuro político de Europa.

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