La historia lo absolvera

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La historia lo absolvera

Fidel Castro no fue como el Che “que vivió la revolución en el desenfreno de la aventura, ajeno a la reflexión” (Sebreli). Para él la política fue devoción, dogma y religión con los mitos y ritos que con el Estado y poder total se alcanzan y disfrutan. Por esto su muerte puede ser la muerte del Estado, del totalitarismo, del culto a la personalidad y estatismo que impuso. Personificó al PC. Fue su voz, letra, palabra y dogma “marxista-leninista” singular que ocultaba el discreto encanto de los beneficios que le dejaba la dictadura del “proletario Fidel”.

Quien revise su biografía encontrará que fue el político de los múltiples rostros e imágenes, en la invariante, de un obsesivo “amante del poder total”. Por eso Camilo Cienfuegos y otros dirigentes del movimiento 26 de julio desaparecieron. Fue de aquellos que no aceptaba ni permitía que le hagan sombra. Por ello se dice: Fidel era Cuba y Cuba era Fidel. La isla, desde el 1 de enero de 1959, fue de “su propiedad”. Por esto en Cuba y el PC no podía haber otra voz, discurso, figuras, líder supremo-dios que la de él.

En 60 años tuvo el control total del poder, del partido y Cuba, como patrimonio personal. Por esto el “socialismo” (?) cubano tiene luces y sombras. En ella se suele destacar y relevar las luces y ocultar las sombras como la persecución y purga violenta a sus oponentes. Incluidos comunistas. También el alto costo de la política social en salud y educación pública. Claro, a cambio de la pérdida total de la libertad y destrucción de la “democracia socialista”. Incluso la de que Cuba siga siendo luego de 60 años de castrismo y dictadura socialista, monoproductor azucarero. Por lo tanto no llama la atención que en la Cuba de Fidel centenares de profesionales, con títulos universitarios, sean “jineteras” que ofertan sexoplacer callejero a turistas, por 20 o 30 dólares, ante la escasez de víveres, pobreza y racionamiento de bienes de primera necesidad.

Por consiguiente, el título de su alegato del 16 de octubre de 1953 “La Historia me absolverá” hay que ponerlo como pregunta. Pues difícilmente al dominio castrista lo podrá absolver la historia.

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