Ahora si hay ministros

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Ahora si hay ministros

Es insólito que en una sociedad de régimen constitucional, republicano y democrático, en la década perdida del correato los ministros hayan sido hombres y mujeres de paja. Casi no existían, hablaban en silencio. La única voz cantante que hablaba por todos ellos era solo la de “Yo el supremo”. Por eso reconforta que hoy conozcamos rostros, voces, palabras, ideas y planteamientos de los ministros del actual gobierno.

¡Qué bueno! ¡Qué gran redescubrimiento hace Lenín sin tanto alarde, propaganda, insultos, agresiones y ofensas! ¡Qué bueno que conozcamos y permitan redescubrir que en un gobierno republicano y democrático las funciones del Ejecutivo se reparten entre distintos ministerios. Y que al frente estén hombres o mujeres que los dirigen y dan cuenta de ellos!

¿Ustedes recuerdan cuáles eran los ministros de Cultura, Educación, Salud, etc. del correato? ¿Qué planteaban en sus diferentes carteras, qué logros exhibieron? Nadie lo sabe. Fueron anónimos y silenciosos. Hoy sabemos que en algunos hubo corrupción. Hubo en muchos. Incluso dos o tres intelectuales decidieron no hablar sino silenciarse para que “Yo el supremo” hable por ellos, represente y ordene lo que debían hacer y cómo debían comportarse. ¡Qué triste historia gris de ministros que pasaron sin pena ni gloria y no tuvieron ideas, proyectos y planteamientos para que el país los recuerde como ciudadanos de ideas, ejecutorias y acción!

Por eso ustedes estarán de acuerdo en que las reuniones del Ejecutivo y los gabinetes itinerantes de Lenín Moreno comienzan a marcar diferencias con los monólogos sabatinos de insultos de la década del correato. ¡Qué bueno que los ministros actuales, hombres y mujeres, aparezcan en público, con ideas, acertadas o erradas, pero suyas, con objetivos y propuestas que ellos y sus equipos crean! ¿Se dan cuenta que hay una diferencia? ¿Comprenden cuánto daño hizo la única voz, pensamiento y acción del “Yo el supremo” del correato de la década del buen vivir de la corrupción?, destapada en EE. UU. y en autoconfesión, y no porque los PhD de mentes lúcidas y uñas largas los pusieron a la luz pública para el conocimiento del país. ¡Que sigan así!