El hambre es mala consejera

Caminando por ciudades de nuestro país, en mercados, parques, portales, pasos elevados, buses, troles, metrovías, terminales terrestres y hasta en los aeropuertos nos encontramos con mendicidad, realizada por ciudadanos (a) ecuatorianos encubriéndose con venezolanos que también practican esta forma de supervivencia: estiran manos, gimotean, parlamentan, muestran angustia en sus rostros; niños, mujeres, adultos mayores, varones, que teniendo completas sus fuerzas, obligados a subsistir y al no existir esperanzas de nuevas fuentes de trabajo, se ven abocados a limosnear para no caer en las garras de la delincuencia. La recolección de botellas se ha convertido en oficio asequible o trabajo informal de recicladores o chamberos que antes se conocían entre sí, pero -¡insólito!- ahora les salió al paso una competencia creciente y que hace apenas 3 o 4 años atrás se consideraban clase media. Salen en las noches señoras solas o acompañadas y en grandes bolsos guardan las botellas que sacan de los tachos de basura y, a manera de justificación argumentan que “las necesitan para tarea escolar de la niña”. Comento con inmenso dolor de patria que de un tanque de basura un joven de unos 18 años, con mochila zurcida en los extremos, teniendo al alcance de sus manos varias botellas no las tomó, hurgó y sacó unas 5 tortillas, presumiblemente de maíz, dejadas por considerárselas no aptas para el consumo. El joven las revisó, las olió profundamente, percibiendo que no emanaban acidez (paso previo a la pudrición). Se aprestó a guardarlas en una hoja de papel para que no se les malograra hasta llegar a su casa. Concluimos que buscaba comida, con conocimiento y presteza adquirida en la universidad de la “Lleca” (Calle). Hoy la necesidad de alimentarse sin perjudicar al prójimo es cosa de valientes, arriesgando sus vidas y teniendo como corazas estómagos de acero. Evidente es la desesperación que cunde en los jefe de familia por conseguir dinero para poder darles de medio comer a sus integrantes, con la economía en franco retroceso. No puede ser que para los gobernantes estas situaciones generalizadas pasen desapercibidas, aun cuando es notorio el abatimiento por que se encaminan las clases sociales de la media hacia abajo, golpeadas por medidas desajustadas que acarrean mayor empobrecimiento. ¿Existe planificación que beneficie a toda la población?

César Antonio Jijón Sánchez