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La guerra siria

Que el mundo sigue siendo militarmente bipolar bajo el liderazgo capitalista y neoliberal de Estados Unidos, por una parte, y por la otra de Rusia y los países socialistas que conformaron la antigua Unión Soviética, constituye la garantía de paz en el mundo contemporáneo actual, especialmente frente a la tendencia intervencionista de EE. UU. para meterse en todos los problemas del mundo, ahora del Oriente Medio, como irrefrenable vocación del Pentágono. La devastación de las guerras emprendidas por EE.UU. contra Irak y Libia cuando constituían dos de los más florecientes Estados de Oriente Medio, aduciendo que se hallaban bajo gobiernos autocráticos, no fue obstáculo para que los gobiernos de esta potencia apoyaran a los rebeldes que desde hace más de cinco años tratan de derrocar por las armas al presidente sirio Bashar al Asad, propósito en el que coincidían con el Estado Islámico (ISIS), su gran adversario musulmán en la región. Pero Al Asad para defenderse de los rebeldes terroristas se alió con Vladimir Putin, quien desplegó sus tropas en Siria, marcando la primera gran campaña militar rusa en el extranjero, reforzando el gobierno de Al Asad y salvándolo de la derrota al darles ventaja a las fuerzas armadas sirias contra las facciones rebeldes apoyadas por EE. UU. y sus aliados de Oriente Medio. Irán, partidario de Al Asad, le proporcionó asesores militares y ayuda. En una visita sorpresiva hecha por el presidente Putin el lunes de esta semana a la base aérea rusa Khmeimin, en Siria, tras Moscú proclamar la liberación total del territorio sirio que controlaba el Estado Islámico (EI), a pesar de que los yihadistas mantienen aún algunas pequeñas zonas de resistencia, comunicara su decisión de retornar a Rusia a una parte significativa del contingente militar presente en Siria, aclarando que la base aérea Khmeimin y la base naval de Tartus seguirán operativas, y prometiendo intervenir en el futuro “si los terroristas se levantan nuevamente”. En julio Rusia extendió el contrato de arrendamiento de la base aérea por 49 años, confirmando su influencia en la región. La paz armada no es solo una frase, es una tesis. ¿Quién es el enemigo?, preguntaba en TV el gobernante iraní. Desde luego que lo sabemos. Ojalá no tengamos que elegir.