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Guerra avisada

Cuando el presidente Obama, quien siempre cuidó de mostrarse al mundo como hombre pulcro y medido en sus expresiones, incurrió casi a finales de su segundo mandato en el dislate de considerar al gobierno de Venezuela como amenaza para la seguridad de EE. UU., el ridículo de tal afirmación hizo que se derrumbara en gran parte esa impresión que nos habíamos forjado de él y atribuyéramos sus injustificables agresiones bélicas -a Libia y a Irak, a una línea de permanente conflicto armado decidida por el Pentágono. Pero ahora que el impredecible presidente Trump, refiriéndose a Nicaragua, regida por el gobierno sandinista de Ortega, vuelve con el mismo argumento de considerarlo amenaza para la seguridad de EE. UU., el asunto se pone serio en extremo, pues es como abrirle el expediente para una próxima invasión o agresión armada al pequeño país centroamericano antes saqueado durante años por la dictadura de Somoza.

Volviendo a Venezuela, el presidente Nicolás Maduro, que a comienzos de 2019 tomará posesión de su segundo mandato, por seis años, ganado en las elecciones celebradas de acuerdo con la nueva Constitución, denunció la noche del miércoles a través de Telesur, la gran antena informativa de Sudamérica y el mundo, que alrededor de 700 hombres están siendo adiestrados por militares estadounidenses en un sitio preciso de la frontera colombiana, para llevar a efecto un plan de guerra contra Venezuela, de la que participaría también probablemente el Brasil de Bolsonaro, teniendo como pretexto repeler un forjado ataque de soldados mercenarios vestidos con el uniforme de las fuerzas armadas venezolanas, en un ‘show’ fraguado y montado con la intervención directa del embajador Bolton de EE. UU. Téngase en cuenta que este criminal complot y sangrienta burla de la democracia venezolana se planificaría apenas pasados cuatro meses del fallido golpe de Estado y asesinato del presidente Maduro, que se intentó con el empleo de “drones” cargados de explosivos. Así de peligrosa se ha vuelto la posición política de los países americanos que no se alinean al patrón hegemónico e intervencionista estadounidense. Pero nuestros países han aprendido a luchar contra todos los obstáculos. Las trampas y amenazas no trazarán su destino.