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Guayaquil: region de progreso
En una república afectada en alto grado por la provisionalidad de sus instituciones y de los funcionarios que las conducen, llama positivamente la atención que en la provincia del Guayas varios municipios puedan realizar obras en conjunto, para beneficio de los habitantes de múltiples cantones. Especial referencia, aunque existen ejemplos previos, merece el nuevo puente que une, cruzando el río Daule, a Guayaquil con Samborondón. La obra total, con un costo de más de 72 millones de dólares, fue financiada por el Municipio de Samborondón en el 70 %. El 30 % restante lo cubrió el Municipio de Guayaquil.
Se crearon 4.000 plazas de trabajo a lo largo de dos años, que es el tiempo que ha tomado su construcción. Y la ingeniería y los imprescindibles cuidados ambientales estuvieron a cargo, básicamente, de profesionales ecuatorianos, lo que revela el alto nivel alcanzado. Con ellos colaboraron especialistas extranjeros, con experiencia en este tipo de edificaciones.
Sin duda, la necesidad cotidiana está haciendo de gran planificador del desarrollo de Guayaquil, con una óptica de división territorial. Esa conceptualización se consolidará pronto, cuando se construya el puente sur, que nos unirá con el austro ecuatoriano.
Ocurre que Guayaquil, desde su antigua tradición de capital montuvia de los asentamientos humanos vinculados con la cuenca del Guayas, no podía pretender aislar su desarrollo del avance de su vecindario y parece que así se ha asumido la estrategia de su progreso; de igual manera piensan los cantones que la rodean. En efecto, las grandes obras de infraestructura con carácter regional que están por construirse o en construcción , demandan un conglomerado organizado que vaya más allá de las necesidades particulares de cada ciudad. Así, el nuevo puerto de Posorja requiere un volumen de carga, de entrada y de salida, que justifique la inversión que demanda su puesta en marcha. Del mismo modo, el nuevo aeropuerto internacional de Daular necesita asegurar un determinado número de pasajeros, garantizando que los vuelos que allí lleguen o que de allí despeguen, ameriten el esfuerzo económico de contar con otro aeropuerto cercano a Guayaquil.
El conjunto de las acciones emprendidas obliga a planificar el uso del territorio que se beneficiará con las edificaciones aludidas. Un nuevo Guayaquil está surgiendo y requiere visión de región.