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Y si Guayaquil no pitara
En ciudades como Miami, los conductores pocas veces usan el pito. No lo hacen ni siquiera para advertir a otro colega que el semáforo ya está en verde ni cuando algún vehículo se les cruza.

En ciudades como Miami, los conductores pocas veces usan el pito. No lo hacen ni siquiera para advertir a otro colega que el semáforo ya está en verde ni cuando algún vehículo se les cruza.
Hacerlo, al parecer, les parece innecesario. Utilizan la bocina únicamente para evitar un accidente o movilizarse en una situación de emergencia.
En Guayaquil es todo lo contrario. Pero ¿por qué aquí tenemos esa costumbre de tocar el claxon con insistencia e incluso ‘por si acaso’? ¿Depende acaso del sexo, la clase social, la hora del día o el tipo del carro? ¿Es una cuestión de costumbre o conducta?
Para Alejandro Ruiz, máster en Psicología Clínica y especialista en Neuropsicología Aplicada, todos esos factores influyen -en algún momento- por igual.
“El hecho de observar a un padre atareado, contrariado, pitando, siendo agresivo, por ejemplo, impulsa a que el hijo se comporte igual”, explica.
“Rasgos como estos no se heredan, pero se adquieren en el ambiente. Más aún si eres hombre y desde pequeño te enseñan a ser ‘macho’, a no esperar, a obtener las cosas cuando quieres. Parece ilógico, pero lo mismo, ese tipo de belicosidad, se aplica en las calles y en contra de los conductores, los ciclistas y los mismos peatones”, puntualiza.
Una bocina supera 90 decibeles, algo que está por encima del límite de 65 que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera aceptable.
El director de Transporte Público de la Autoridad de Tránsito Municipal (ATM), Fernando Amador, sostiene que muchos conductores lo hacen por protección o prevención; aunque en algunos es una mala costumbre, que la aplican especialmente para ganar tiempo.
Recordó que a mediados del 2000 empezó a restringir el uso de cornetas, especialmente en los buses urbanos.
“Cuando asumimos la competencia (en agosto del 2015), el abuso del pito fue en uno de los temas que nos enfocamos”, expresó el funcionario.
El abuso de la bocina o dispositivos sonoros es considerado como una contravención leve en la Ley de Tránsito. El literal 1 artículo 392 sanciona al conductor con una multa equivalente al 5 % de un Salario Básico Unificado (18,75 dólares) y la reducción de 5 puntos en la licencia.
De acuerdo a estadísticas de la ATM, el año pasado se emitieron 13.263 multas por esta contravención, ocupando el cuarto puesto.
Con base en estos parámetros, Amador considera que, al menos en este momento, el excesivo ruido no debe definirse como una contravención grave, como ocurre en otras naciones.
Opina que primero hay que enfocarse en los factores que están en los primeros lugares y que son las principales causas de accidentes de tránsito, como el exceso de velocidad y el cruce brusco de carril.
¿Cómo sería Guayaquil sin que nadie pitara? Amador no tiene idea. “En su lugar hay que pensar en campañas que crean conciencia y permitan desechar esa mala costumbre, como es pitar en exceso”, remarca.
Que no exista una rigurosa ley que sancione la acción, sin embargo, opina José Salinas, psicólogo clínico y psicoterapeuta familiar, ‘invita’ a que los choferes lo sigan haciendo muchas veces sin razón alguna.
“Es una mala costumbre ya enraizada en nuestra tierra, que aumenta el comportamiento agresivo de las personas y toma fuerza, sobre todo, cuando alguien ha tenido un mal día o está estresado”, remarca.
En Ecuador son víctimas del mal hábito incluso quienes están aprendiendo a manejar.
“¿Y la sociedad hace algo?”, pregunta. Él se responde :“Absolutamente nada. Nadie avisa a la autoridad, solo se ríe. Es parte de nuestra cultura”.
Estudios elaborados en Australia, Estados Unidos y Japón, y publicados en revistas como la Journal of Social Psychology, Australian Journal of Psychology o Psychological Reports (2004), coinciden con el criterio de Salinas.
Pero ofrecen además otros datos interesantes que aseguran que cuando un auto de gama alta (o costoso) obstaculiza el tránsito, el vehículo que está detrás, siempre y cuando sea este antiguo y más barato, se abstiene de pitar por cuestiones de estatus e inseguridad.
El género
Según la Australian Journal of Psychology, las mujeres tienden a pitar más a las mujeres que a los varones. A ellos no los apuran, les demuestran su inconformidad con señas o palabras.
La cercanía
La publicación también revela que los conductores de pueblo tienden a tocar la bocina menos que los de ciudad. Esto porque evitan ‘molestar’ a un vecino o habitante que conocen. Tienen más paciencia.
En alerta
La información también confirma que una persona tiende a pitar más (y con mayor agresividad y más tiempo) a los conductores que están hablando por celular, más aún si estos son mujeres.