En Guayaquil, parejas ayudan a otras a salvar sus relaciones

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En Guayaquil, parejas ayudan a otras a salvar sus relaciones

Las reuniones. Inician con una oración grupal en la capilla de radio La Voz de María, donde todos los asistentes elevan sus peticiones a Dios, pidiendo restauración y sanación matrimonial. Luego se expone un tema central, se comparten testimonios y se

En la gráfica. La hermandad durante la oración grupal en la capilla de la radio La Voz de María.

El matrimonio no es fácil; cualquiera que está casado lo sabe. La unión requiere de comunicación, apoyo mutuo, respeto, comprensión y detalles.

Sin embargo, la convivencia a veces tiende a ser un tanto compleja. Llegan los conflictos, las infidelidades, los desacuerdos, los problemas de dinero y hasta las agresiones físicas y verbales. Las parejas no se soportan. Buscan divorciarse. Aseguran que se acabó el amor, que se equivocaron...

Tienen fundamentos, lógicos y descabellados. Se refugian en psicólogos, terapeutas, orientadores familiares... Lastimosamente, en algunos casos, la situación no cambia. Y es que si el perdón no se da de corazón -han dicho un sinfín de veces los expertos- el problema jamás será solucionado.

En Ecuador, un considerable grupo de personas no ha dado cabida a este sentimiento. Allí la razón por la que al menos, entre el año 2000 y 2013, según datos del INEC, 13 personas por cada 10.000 habitantes optaron por separarse.

Teniendo en cuenta eso, hoy en Guayaquil, un grupo de parejas -que afirman no ser perfectas- ayudan a otras a salvar sus relaciones. Lo hacen a través del intercambio de experiencias, la oración, los cantos y las terapias grupales. Lo hacen, añaden con énfasis, con la ayuda de Dios: la fe y la guía espiritual es la base... Ellas integran la agrupación Matrimonios al Rescate, una asociación que busca sanar y restaurar el matrimonio de sus participantes, y evita -paralelamente- que vivan como dos extraños, totalmente alejados, el uno del otro.

Los esposos Geraldine Weber y Max Meitzner son los creadores del grupo. Su historia está llena de altibajos. Tras 15 años juntos y dos hijos a bordo, la pareja -que en un inicio profesó su amor a los cuatro vientos- llegó a odiarse. Se divorciaron. Lo enterraron todo: alegrías, penas, sueños, viajes y promesas.

Todo cambió, cinco años después, cuando su hija hizo una cadena de oración en honor a ellos. Las cosas cambiaron aún más cuando asistieron juntos a un retiro de Lazos de amor Mariano. “Estaba claro que Dios nos estaba dando una segunda oportunidad y la tomamos. Nos aferramos a Él, entendimos que solo Él nos podría sanar”. Y fue así, explica Weber.

Ellos volvieron. Se casaron, tuvieron una nena (uno de sus más gratos regalos), trabajaron desde entonces en equipo y aprendieron que amar es una decisión. “En el proceso aceptamos también a Cristo, sentimos arrepentimiento, nostalgia y dejamos de discutir”.

Su experiencia, aquella que los transformó en seres emocionalmente estables, los motivó a ayudar a otros que estaban pasando por una situación similar. Crearon el programa radial ‘Matrimonios al Rescate’, que se transmite todos los sábado en vivo de 11:00 a 12:00 en radio La Voz de María, y cuenta los testimonios de parejas que han sanado luego de haber sentido mucho dolor. Y fruto de ello, nació la hermandad de autoayuda que, asimismo cada sábado, en las instalaciones del lugar (ubicado en la ciudadela Bolivariana, calle Andrés Bello y avenida El libertador), se reúne para abordar una diversidad de temas ligados al respeto, el sacrificio e igualdad matrimonial.

Eduardo Chávez y Silvia Cruz de Chávez son algunas de las familias que cada semana acuden al ‘refugio’. Allí hablan de sus transformaciones y enseñan a otros -a los nuevos miembros- a ser más tolerantes, a dejar de lado el rencor. “Dios nos ha restaurado”, precisan, “aprendimos a tratarnos con dulzura. Hoy nos agarramos de la mano, nos recordamos cuanto nos amamos. Dios y nuestros amigos nos enseñaron a escuchar”.

Libia Villaquirán y Fernando Cevallos, ambos consagrados a la Virgen María, en cambio, se reconciliaron con el mundo y sus familias. Lograron ser mejores seres humanos: más positivos, amorosos, agradecidos y humildes.

Los casos son múltiples. Uno encuentra de todo. Maridos que dejaron el alcohol y le apostaron a la fidelidad, y esposas que eliminaron de raíz sus problemas de adicción, mal trato y celos. Parece mentira, concluye Meitzner, pero si Dios no está en medio de la pareja, esta se va al precipicio. Con Él y solo con Él uno aprende en realidad a ser esposo. A tratar diferente a los hijos, a llevar una buena relación, a reflexionar. En pocas palabras, a amar de verdad... DSZ