Guayaquil: modernidad y regeneracion

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Guayaquil: modernidad y regeneracion

La ciudad de hoy es diferente a la de ayer, cuya historia es necesario conocer, recordar y conservar en la memoria. La actual tiene una nueva modernidad. De ella fluyen una renovada reescenificación y sentidos porque su gobierno local supo crear un adecuado y acertado proyecto-programa de regeneración.

Por eso las claves de hoy no están en el ayer y en los referentes que han creado y tejido su historia en momentos decisivos de ella: su pasión por la libertad, visión estratégica del emprendimiento, contribución solidaria del voluntariado. Sino, sobre todo, en esa simbiosis compleja y al mismo tiempo singular y dinámica de un colectivo social y humano que hace suya la ciudad, que ella penetra desplegándose en cada uno de sus impulsores.

De ahí que conocer la razón básica del proyecto de regeneración es algo necesario para la conciencia social, cívica y compromiso del guayaquileño, pues el nuevo “ser urbano” no es haber recreado un “ser social tradicional” sino una expresión de él, capaz de asumir y fusionar la comprensión adecuada de lo global con la definición precisa y renovada de lo local.

Por eso el amargado tuitero la entiende torpemente, como un cambio de baldosas. En su pobre y precaria ignorancia, no comprendió nunca que era lo que le da sentido y significado, moderno y posmoderno, al proyecto-programa de regeneración. Esta no es una simple novedad ornamental y arquitectónica. Transciende aquello. Transforma lo tradicional con una nueva modernidad. Debido a esto los relatos antiguos no acceden a esta compleja síntesis a la que nos invita la regeneración. Ella crea y recrea un nuevo “ser urbano” que en sentido íntimo quiere decir: hacer, recrear, tejer y proyectar su historia de presente a futuro, sin omitir las huellas básicas de su memoria histórica, de una ciudad que no vive de pasados coloniales sino que hace de ellos una síntesis de ese ayer con el hoy y el mañana.

El deber básico del guayaco que se respeta es comprender, valorar y ser auténtico, firme e inclaudicable defensor de esta nueva forma de hacer una ciudad tropicálida, que resuma y sintetice lo tradicional, moderno y posmoderno del Guayaquil de siempre.