
Un gran ‘no’ de los empresarios
Faltaba espacio en la sala para que entraran todos en la foto y falta también espacio en estas páginas para poner los nombres de todos los empresarios -algunos poco habituales como el presidente de la banca privada- que se plantaron, una vez más, ante
Faltaba espacio en la sala para que entraran todos en la foto y falta también espacio en estas páginas para poner los nombres de todos los empresarios -algunos poco habituales como el presidente de la banca privada- que se plantaron, una vez más, ante los medios para rechazar con contundencia el camino elegido por el Gobierno ante la coyuntura económica. Subir los impuestos y tomar medidas de urgencia cortoplacistas no es la solución para los problemas estructurales del país.
Porque, según Richard Martínez, como presidente del Comité Empresarial Ecuatoriano que aúna a todos los gremios, lo que le pasa a la economía de Ecuador es un problema estructural. Hacen falta dólares. Hace falta que lleguen nuevos recursos y no solo que se muevan más los billetes que ya están dentro del sistema, apuntó Francisco Alarcón, presidente de la Cámara de Industrias de Guayaquil.
Y, ante ese panorama que arrastra la economía ecuatoriana de forma preocupante desde que cayeron los precios del petróleo hace casi dos años, un aumento de la carga tributaria -con creación de nuevas tasas y alzas de las ya existentes, como el IVA del 12 al 14 %- solo va a servir, según el foro empresarial, para contraer aún más la economía. Y con ello, a asfixiar más a las empresas que ya no tienen capacidad para endeudarse y a elevar las cifras de desempleados y a deteriorar los puestos de trabajo que se conserven.
Semejante encrucijada debe resolverse tomando rutas alternas a las que propone el Gobierno, dicen los sectores productivos del país. Lo ideal sería, recogiendo las propuestas de Pablo Arosemena, presidente de la Cámara de Comercio de Guayaquil, bajar los impuestos, abrir mercados mediante acuerdos con la UE, Estados Unidos y China y conquistar la inversión extranjera. Pero eso lleva años. Por eso, Martínez sugiere comenzar con un ‘shock’ de confianza por parte del Gobierno al sector privado y con la búsqueda de recursos frescos en organismos internacionales.
En definitiva, un cambio en el modelo económico que ya se recogió y transmitió a las autoridades económicas en marzo del año pasado -antes del terremoto y antes de que las cifras del Banco Central transparentaran la estrechez económica- en un compendio de 37 propuestas planteadas ante el infructuoso Consejo Consultivo entre el sector privado y el Gobierno.
Infructuoso, a juzgar por la contundencia con la que los empresarios han rechazado las últimas decisiones del bloque económico ministerial, calificadas como ‘bullying normativo’ por Patricio Alarcón, portavoz de los comerciantes de Quito, en referencia a la prolongación otro año más de las salvaguardias, a la creación de un impuesto al patrimonio, a la subida de dos puntos del IVA o a la reforma tributaria a bebidas azucaradas, licores, cigarrillos y telefonía.
Poco recorrido en común puede haber ahora entre el Gobierno y los empresarios cuando el primero vive en una “indolencia total”, en palabras del presidente del Comité Empresarial, y cuando las empresas ya no se pueden endeudar más. Mientras, según denuncian, el Estado incrementa su gasto corriente en un 6 %.