El futuro del empleo

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El futuro del empleo

la semana pasada Amazon, la gigante del comercio electrónico, dio una patada en el tablero al anunciar la posibilidad de que el consumidor entre a sus tiendas físicas y tome los artículos que desee, cargándoselos a su cuenta y prescindiendo de la atención de personas. La tecnología para que esto ocurra existe hace algún tiempo, pero no se había llegado tan lejos con una propuesta concreta. El concepto amenaza la estabilidad de 3,5 millones de empleos solo en Estados Unidos en el caso de masificarse, y trae consigo la discusión del grado de desempleo inmediato que generará la era digital. Se dice que existe suficiente tecnología para reemplazar el 47 % del total de empleos de la actual población económicamente activa mundial (unos 1.600 millones de personas), dejando obsoletos oficios, profesiones y actividades que hoy nos parecen imprescindibles. Esto podría ocurrir en los próximos 30 o 40 años.

Lo que parecería una catástrofe debería contrastarse con la historia: hace un siglo y medio, un poco antes de la llamada Segunda Revolución Industrial, el 70 % de los empleos eran agrícolas, pero hoy en la mayor potencia agrícola del mundo menos del 3 % de la población se dedica a la agricultura. Para ser más radicales aún, hoy apenas el 1 % de los empleos en el mundo no han mutado en 150 años. En la naturaleza nada se destruye, todo se transforma y depende de nuestra habilidad entender dónde posicionarnos cuando el futuro nos alcance. Actividades en turismo, ocio, salud, bienestar de personas mayores, entre otras muchas, serán oportunidades estupendas.

Una nueva realidad de activos mucho más móviles, de desigualdad de ingresos y precariedad de trabajo serán los dolores de cabeza con los que debamos lidiar. Tenemos que trabajar muy rápidamente en reformular la formación educativa en el país, estimulando la instrucción en carreras tecnológicas y profundizando el conocimiento de matemáticas e inglés. Preguntémonos cómo nos subimos a la ola como personas, como familias, como país, y no nos quedemos esperando en la playa a que nos pase por encima. ¿Se puede? Claro que se puede.

Twitter@PaulEPalacios