
Fumigacion, nueva inquietud tras el Zika
Los habitantes de Miami se preguntan si no será peor el remedio que la enfermedad cuando ven volar la avioneta que fumiga la zona afectada por el zika con un pesticida que está prohibido en Europa.
Los habitantes de Miami se preguntan si no será peor el remedio que la enfermedad cuando ven volar la avioneta que fumiga la zona afectada por el zika con un pesticida que está prohibido en Europa.
Desde el hallazgo del primer brote de zika autóctono en Estados Unidos, ocasionalmente una avioneta sobrevuela el norte de Miami rociando un químico llamado naled que mata al mosquito Aedes aegypti, vector del virus.
El zika se manifiesta con síntomas leves, pero puede causar malformaciones en los recién nacidos como la microcefalia. A esta inquietud, ahora se suma el recelo hacia el pesticida conque las autoridades buscan evitar una epidemia.
“No sabemos en qué consiste ni qué hace y no confiamos en el Gobierno”, dice Fermín González, diseñador gráfico. “Saludable no creo que sea”.
Algunos comerciantes de Wynwood, el vecindario turístico epicentro del brote de zika, comienzan a organizarse y un grupo protestó contra las aspersiones aéreas.
El naled es considerado por científicos y activistas como un severo neurotóxico que afecta además el aparato respiratorio y podría estar vinculado a la leucemia infantil.
Su uso fue prohibido en la Unión Europea en 2012 porque representa “un riesgo potencial inaceptable” para la salud humana y el medioambiente.
De este lado del Atlántico, el condado de Miami-Dade conduce las aspersiones de naled con la bendición de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) y de la Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA), según las cuales este pesticida es seguro si es rociado con mesura.
Pero “si no es seguro para Europa, ¿por qué sí es seguro para Miami?”, se pregunta Michelle Harriott, directora científica de la ONG Beyond Pesticides, con sede en Washington.
Tom Frieden, el jefe de los CDC, ha garantizado en incontables ruedas de prensa que este pesticida, usado en Estados Unidos desde 1959 para controlar a los mosquitos, no es dañino en las bajas cantidades en que se dispersa.
La página web de la EPA explica que “es improbable que la gente respire o toque nada que tenga suficiente insecticida como para que le haga daño” y que “la exposición directa no debería ocurrir”. Pero también aconseja a las personas sensibles a los químicos mantenerse dentro de sus casas con las ventanas cerradas.
Las autoridades “usan pequeñas dosis por vez, pero a lo largo de varios meses eso se va sumando”, dice Harriott. “Todo depende de cuanto tiempo estarán fumigando. Si lo hacen durante el resto del año, sí deberíamos preocuparnos”.