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Cleveland, ciudad del estado de Ohio en EE. UU., con una población inferior a 500.000 personas, ocupa el puesto 49 entre las más importantes del país. A pesar de ello tiene un centro médico, primero en su país en cardiología durante las últimas dos décadas, tercero en ortopedia y octavo en oncología. Cleveland Clinic se ubica en 35 manzanas, donde trabajan 33.000 personas.

En cinco décadas he conocido muchos centros médicos estadounidenses, pero en diferentes épocas, por lo que se me dificulta el hacer comparaciones. El servicio al paciente es excelente, personas con saco rojo están listos en las entradas de los principales edificios para guiar a los pacientes a encontrar el lugar de las citas o exámenes programados.

En estos grandes centros médicos, cada galeno tiene de ayudantes a un médico y una enfermera. Ya en el consultorio, la enfermera frente a una computadora solicita información al paciente y la digita; luego ingresa el médico asistente del doctor que hace más preguntas, anotando las respuestas también electrónicamente. Finalmente, arriba el médico, tras haber leído toda la información alimentada por su médico ayudante y enfermera. En ese momento comienza la consulta. No se necesita salir de un edificio para ingresar a otros, se hace por corredores interiores o pasos aéreos. Los equipos de diagnóstico son de última generación y para cada examen se sigue un riguroso protocolo. En una biopsia con tomografía en la que estuve presente acompañando a un paciente, la asepsia era impresionante, numerosos cajones tenían la más variada cantidad de accesorios. Antes de iniciar el procedimiento realizado por dos médicos, un tecnólogo y dos enfermeras, hicieron una revisión del protocolo y el que hacía de cabeza preguntó a cada uno si había cumplido todos los pasos. Los servicios higiénicos públicos son inmaculados y se encuentran por doquier. Cada parte o la totalidad de los edificios han sido donados por particulares, sus apellidos abundan en las paredes de los corredores, departamentos y edificios. La magnitud de la generosidad de los ricos estadounidenses es incomparable. Merece imitarse.

colaboradores@granasa.com.ec

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