La flota china y la diplomacia
Cada año saltan las alarmas al aproximarse la flota pesquera de altura china a la zona económica exclusiva de las Islas Galápagos. Objetivamente hablando este es un tema de intereses: los chinos quieren pescar todo lo que pueden, sin tener consideraciones sobre la dinámica poblacional de las especies en la zona. Por otro lado, los ecuatorianos tenemos que hacer todo lo posible para proteger no solo el recurso pesquero, sino también lo que este significa para un ecosistema frágil como el de Galápagos, que representa el primer destino turístico y por tanto fuentes de trabajo en las islas y también en el continente. Pararnos con guardacostas, corbetas y submarinos ante una flota pesquera de más de 230 barcos, es tan valeroso como levantarle la voz a nuestro más importante acreedor, mayor destino de las exportaciones camaroneras (que están sosteniendo la balanza de pagos), importante destino bananero, etc., etc.
Este tema me recuerda la llamada Guerra del Atún, que sostuvimos con los Estados Unidos allá en la década de los años sesenta. Como antecedente, en 1952 Ecuador, junto con Chile y Perú suscriben la Declaración de Santiago, donde se proclamó la jurisdicción y soberanía sobre las 200 millas que bañan las costas de estos países, acto que no era reconocido por los Estados Unidos. Como consecuencia de esa falta de reconocimiento, la flota pesquera (atunera principalmente) proveniente de San Diego, California, venía a “veranear” en nuestras costas. Ecuador contaba con limitadísimos medios para hacerse respetar; tan solo un par de destructores ingleses de la clase Hunt y dos buques armados tipo PCE de origen norteamericano. Hubo múltiples incidentes donde nuestros marinos debieron realizar disparos de fuego real para capturar a los pesqueros, y al final del día prevaleció el principio de respeto a nuestro marco jurídico.
En el mundo de hoy, sin duda el diálogo es el mejor camino para zanjar diferencias, sin embargo, mientras no lleguemos a un acuerdo razonable, siempre es bueno que los chinos vean los cañones de nuestras corbetas como una señal de amable diplomacia.