La Floresta, zona que gusta y preocupa por sus contrastes
Una intersección genera temor entre habitantes El pedido es un semáforo o rompevelocidades La inseguridad ciudadana también agita a esta comunidad.

Realidad. Las personas deben arriesgarse a cruzar la calle sin ningún tipo de señalización que garantice su paso.
Piden que los regresen a ver por un momento. En el barrio La Floresta, uno de los más turísticos de Quito, los vecinos están preocupados porque a la par de que se incrementa el número de visitantes, también aumenta la inseguridad vial y ciudadana en ciertas zonas.
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Katherine Argudo González
Hay un punto que se ha convertido en el “terror” de los moradores. Es la intersección de la avenida Coruña (cuatro carriles) con las calles Vizcaya y Mallorca que confluyen entre sí en, al menos, seis direcciones diferentes, pero sin ningún semáforo o rompevelocidades que alerte del peligro.
El jueves pasado, horas antes de que inicie el feriado por Semana Santa, la Coruña era una autopista. Por ahí pasan muchos vehículos para empatar con la avenida Oriental y dirigirse a los valles o al sur de la ciudad.
A María Augusta Pachacama, dirigente de los vecinos en defensa de La Floresta (organización de hecho), le tomó casi cinco minutos cruzar de una vereda a otra de la avenida. Lo hizo prácticamente corriendo y en su cara se notaba la incertidumbre al hacerlo.
“Hemos solicitado a la administración zonal y a la Empresa Metropolitana de Obras Públicas que se coloque algún tipo seguridad porque es un peligro para los propios vehículos y los transeúntes. Nos han dicho que el pedido está en proceso”, señaló la moradora.
Este barrio fue concebido como residencial hace más de 80 años y así se mantuvo hasta inicios de este siglo. Sin embargo, su ubicación estratégica y sus edificaciones llamativas, muchas de ellas patrimoniales, captaron la atención de propios y extraños, lo que generó un interés turístico y cultural en los últimos años.
Eso fue precisamente lo que atrajo a Alfonso Padilla hace siete años. Dice que no se opone a este crecimiento que experimenta el sector, pero que debe ir acompañado de un plan de seguridad vial y ciudadana.
Desde el cuarto piso del edificio en el que habita le contó a EXPRESO que se ha convertido, desde hace más de un año, en una suerte de cámara de seguridad que registra los accidentes que en la zona se producen para publicar en las redes sociales a ver si se toman medidas al respecto.
El problema no termina en la Coruña, sino que continúa en la calle Ladrón de Guevara que, a través de una bajada pronunciada, conduce a La Vicentina y hace pocas semanas se produjo el arrollamiento de una adulta mayor que fue alcanzada por un bus de transporte público.
El otro problema es el de la inseguridad ciudadana. Valeria Andrade vive con su padre y en dos años ha sido víctima de la delincuencia en tres ocasiones. Eso les ha obligado a incurrir en gastos que no estaban previstos y que se dificulta cubrir por la situación económica que deja la pandemia.
“Se está convirtiendo en una zona invivible. No respetan absolutamente nada, se llevan todo. Se ha vuelto imposible transitar por las calles transversales y los moradores del sector, aquellos que hemos vivido por año nos ‘guardamos’ a las siete de la noche, como tarde, bajo siete candados, lo cual tampoco nos garantiza seguridad”, señaló Valeria.
María Teresa Muñoz tiene una tienda de productos naturales y por su estratégica ubicación se ha convertido, para su pesar, en una testigo de las acciones de la delincuencia. Desde su ventana ha visto cómo unos motorizados se le llevaban un equipo de video a una turista europea y hasta cómo un hombre, campante, desarmaba el cerebro de un vehículo.
“Pensé que era el dueño que sufrió un desperfecto mecánico, pero luego apareció el verdadero propietario y nadie pudo hacer nada. Si no hay acciones de las autoridades y la comunidad, esta zona que es muy linda, pronto terminará de perder el encanto”, lamentó.