Rosa Torres Gorostiza | Los toques del toque de queda
Se esperaba en una primera jornada escuchar que se había irrumpido en las guaridas de las grandes bandas criminales
El toque de queda en cuatro provincias, que no incluye a Manabí -donde ayer incendiaron carros y motos-, resulta inquietante porque la única información que reciben los ciudadanos proviene del Gobierno central y de los cuerpos de seguridad del Estado. No hay mayor presencia de medios de comunicación independientes; los únicos que reportan son los periodistas de los ministerios de Defensa, Interior y Gobierno. En otras palabras, prensa oficial que revela únicamente aquello que el poder decide mostrar a los ciudadanos. Ni siquiera durante la guerra del Alto Cenepa, entre Ecuador y Perú, se restringió el trabajo de los medios, como ocurre ahora.
En la primera jornada de seis horas del toque de queda se reportaron 253 detenidos, 109 de ellos en Guayas. Pero la pregunta inevitable es: ¿detenidos por qué? Por quedarse dormido en una piscina fuera de su casa; por salir a dormir en una avenida de Urdesa; por caminar hacia su hogar después del trabajo. Más que evidencias de una operación estratégica contra el crimen organizado, estos casos parecen reflejar confusión ciudadana y operativos sin mayor impacto.
Lo que se esperaba en una primera jornada era escuchar que se había irrumpido en las guaridas de las grandes bandas criminales; que la mayoría de los detenidos eran extorsionadores o sicarios; que se había recuperado el control de zonas donde incluso la Policía ha reconocido tener dificultades para ingresar. Sin embargo, con excepción de la quema de una guarida de delincuentes en Durán o la detención de algunos expendedores de droga, no hay hechos relevantes que permitan hablar de resultados significativos. Eso resulta preocupante cuando el propio gobierno sostiene que esta medida permitirá recuperar el control de Guayas, Los Ríos, Santo Domingo de los Tsáchilas y El Oro. Y mientras el toque de queda rige en estas provincias, en Mantaun individuo quema siete carros y dos motos en un parqueadero, casi como demostración de que aún hay territorios donde el Estado simplemente no está.
Habrá que esperar hasta el 31 de marzo para saber si estos días de toque de queda produjeron el efecto prometido. Pero, por ahora, la realidad obliga a mantener el escepticismo. Como dijo Santo Tomás Apóstol: “ver para creer”.